Una de las mejores cintas españolas en la que Del Toro se revela como un narrador capaz de aunar, en un mismo relato, la magia de las fábulas y lo más horrible de la condición humana.

★★★★★ Excelente

El laberinto del fauno

Conocía la faceta de Guillermo del Toro como sólido director de un cine de acción y terror al que impregna siempre de su particular e imaginativa visión. Pero esta magnífica cinta, que, adelanto, es una de las mejores producidas este año por el cine español, me ha descubierto a un gran narrador capaz de aunar, en un mismo relato, la magia de las fábulas y lo más horrible de la condición humana. El laberinto del fauno es una película tan atípica como audaz en su doble propuesta narrativa. Si los monstruos de cuento a los que Ofelia (magnífica Ivana Baquero) se enfrenta en sus aventuras son terroríficos, no menos lo son algunos de los seres humanos con quienes convivirá en una hostil realidad. Su madre Carmen (Ariadna Gil) le dice que ya es mayor para tanta “zarandaja”, pero ella se aferra con fuerza a su personal universo, hasta el punto de vivir casi abstraída de la ingrata cotidianediad. Supera con valor encomiable las más duras pruebas de su fábula mientras vive con pavor los nuevos acontecimientos que rodean a su vida, a la de su madre y a la de su hermano aún no nacido.

El uso de la imaginación como escapatoria de la más horrible realidad, por tanto, es uno de los asuntos propuestos por Del Toro, quien sufrió en primera persona el lado más cruel de la vida durante el secuestro de su padre. El filme nos sitúa en la España de la posguerra coincidente con la Segunda Guerra Mundial. Es 1944 y aún quedan reductos de las tropas republicanas, conocidos como ‘maquis’, que luchan refugiados en las montañas contra el Ejército franquista. Un espléndido Sergi López pone rostro al despiado capitán Vidal, quien comandará unas tropas destinadas a acabar con el grupo de insurgentes apostados en las laderas de la montaña. Carmen es la viuda de un sastre y la madre de Ofelia, una niña de 13 años adicta a los cuentos fantásticos. Como medio de supervivencia, Carmen se casó en segundas nupcias con el capitál Vidal, quien sólo parece interesado por el bienestar del hijo que Carmen lleva en su seno y está a punto de nacer. Y trata con desdén a su esposa e hijastra, condenadas a tratarle servilmente para hacer frente a esos años de hambruna y carestía nacionales. Ambas viajan hasta el molino donde Vidal tiene su centro de operaciones. Allí, Mercedes (gran Maribel Verdú) dirige el servicio de la casa y el Doctor (Álex Angulo) cuida del estado de salud de Carmen, recién llegada tras un largo y duro viaje junto a Ofelia.

Ofelia, ajena a la despiada caza de Vidal (la interpretación de López está a la altura, por ejemplo, del Ralph Fiennes que en La lista de Schindler hizo del sádico Amon Goeth), descubrirá las ruinas de un laberinto en el bosque. Allí se econtrará con un fauno que la reconoce como una princesa. Aunque incrédula al principio, ella accede a enfrentarse a las tres pruebas que la devolverán a su reinado. Correrá toda suerte de peligros, pero ninguno le aterrará tanto como su padastro y el oscuro mundo que éste representa. El estado de salud de Carmen se agrava conforme se acerca el parto y ella se ve atrapada entre el deber de asistir a su madre y las pruebas que ha de completar para cuando llegue la luna llena.

De estética lúgubre y a ratos repulsiva, El laberinto del fauno no es una película al estilo Las crónicas de Narnia, pese a contar con faunos y hadas en su historia. La extrema violencia mostrada o sugerida por las elipsis en el relato real, así como la aterrodora ambientación de la parte onírica, impiden que ésta sea una cinta apta para un público infantil. Pero sí muy recomendable para el resto.

La cinta, en su corolario, vindica el mundo de la imagiación y los sueños como antídoto frente a la peor cara de lo real. Del Toro, aquí, hace casi una declaración de principios acerca de su propia visión de la vida. Según el mexicano, la literatura, el cine u otras artes nos pueden facilitar el acceso a tan estimulante mundo, pero, como se advierte en la cinta, éste sólo estará abierto para quienes sepan mirar. Por eso, quizá sea preciso mirar con los ojos de un niño.
publicado por Matías Cobo el 13 octubre, 2006

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