Esta es una película, en definitiva, que te hará soñar, sufrir, emocionar… Es una película que demuestra, además, cómo una niña fantasiosa puede ser mucho más coherente y valiente que cualquier “”héroe de guerra””.

★★★★★ Excelente

El laberinto del fauno

“El labrinto del fauno” es una de esas películas que, narradas como si de un cuento se tratase, te sumergen en dos universos paralelos. Por un lado, se encuentra la vida real, cruda, desoladora, devastadora y cruel, muy cruel. Por el otro, nos presentan el mundo de los sueños, de la maravilla, el mundo de la fantasía en el que todo es posible y, en definitiva, la vía de escape de ese otro mundo tan tenebroso como real.

La historia nos sitúa, en el tiempo, en 1944 y, en el espacio, en un molino en mitad de la nada, que perfectamente podría tratarse del descrito por Emilia Pardo Bazán en “Los Pazos de Ulloa”. El ambiente que rodea a la historia ya entremezcla de por sí realidad y ficción, pues la casa-molino se halla rodeada de hermosos bosques de altos árboles que, gracias a una suave brisa, esparcen motitas de polen por doquier. Sin embargo, en ese idílico ambiente, se suceden los tiroteos entre fascistas y republicanos y la sangre y el odio invaden el aura, transformándolo, así, de repente, en un lugar desagradable.

Continuamente hay referencias a ese dilema entre lo real y lo fantástico. El azul, en representación de lo frío, y el amarillo, en representación de la calidez, se van alternando en las distintas secuencias. Las transiciones entre escenas son el detalle técnico que, en mi opinión, más llama la atención; sin embargo, esta no es una película que comentar en términos técnicos, no porque no tenga mérito técnicamente, sino porque el ámbito artístico-novelesco los eclipsa.

“El laberinto del fauno” es la historia de un cuento, un cuento que le sirve a Ofelia para desligarse de ese mundo cruel que prefiere no conocer. La niña mantiene continuas conversaciones con su madre y una de las sirvientas, en las que ellas le intentan bajar de las nubes: “La vida no es como crees, éste es un mundo cruel…”, le dirá su madre.
¿Pero dónde está el límite entre lo real y lo ficticio? ¿Y qué es verdaderamente lo real? ¿Acaso nuestros sueños no pueden ser más reales que la propia realidad? Al final de la película, todavía no sabemos con certeza quien ha ganado la pugna, si lo real o lo ficticio; no en vano, aunque nos de la impresión de que, en ocasiones, se entremezclan, no dejan de ser mundos paralelos que, como las paralelas, se prolongan manteniendo las distancias ad infinitum.

Me parecieron tan maravillosas las frases de inicio y conclusión que no pude evitar anotarlas:

“Al principio de los tiempos vivían en armonía los bosques, los hombres y las criaturas mágicas…”
“La princesa dejó pequeñas huellas visibles sólo para aquel que sepa dónde mirar…”

Esta es una película, en definitiva, que te hará soñar, sufrir, emocionar… Es una película que demuestra, además, cómo una niña fantasiosa puede ser mucho más coherente y valiente que cualquier “héroe de guerra”.
publicado por el 16 enero, 2007

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