Crítica de

El laberinto del fauno

En su idea de crear un cuento para adultos se queda a medio camino, en un cuento para niños algo sádicos pero se disfruta sin pretensiones y no aburre.
Cartel de la película El laberinto del fauno (2006) de Guillermo Del Toro

La última película del mexicano Guillermo del Toro, «El laberinto del Fauno» se excusa en el enfrentamiento entre el ejército franquista y los maquis escondidos en las montañas (aunque podría ser en cualquier otro lugar), para narrar el viaje que emprende la niña Ofelia (Ivana Baquero) a un mundo mágico plagado de hadas, faunos y monstruos. Este viaje que hace Ofelia lo realiza para alejarse de su triste realidad, con su padre muerto, y con su madre Carmen (Ariadna Gil), embarazada, a su llegada a la aldea donde esta destacado el capitán Vidal (Sergi López), verdadero ogro de la función.

La película tiene una estupenda factura visual, con elementos estéticos recurrentes en el cine de Del Toro, y sin duda es de su mejor cine (junto con «Cronos»), pero contiene demasiados momentos edulcorados, y aunque haya algún momento de violencia explícita, no quita para evitar el tono infantil y previsible del relato. En su idea de crear un cuento para adultos se queda a medio camino, en un cuento para niños algo sádicos (generación MTV y demás).

Lo mejor son los hallazgos visuales a los que Del Toro nos tiene acostumbrados, el buen hacer en ambientación, maquillaje y efectos, buenas transiciones entre la realidad y la fantasía y la portentosa interpretación de Sergi López (el mejor actor español con diferencia). Aunque se quede a mitad de camino es una agradable propuesta, lejos de ser la obra maestra que se pregonaba (y se pregona) pero se disfruta sin pretensiones y no aburre.


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