Mystic River, un callejón sin salida

★★★★☆ Muy Buena

Mystic River

El final de Mystic river me deja la misma amarga sensación que otra película de Eastwood con la que guarda muchas similitudes, Un mundo perfecto. En ambas se impone una hipócrita y falsa justicia, y en las dos el policía vive preso de un sistema que crea y perpetúa violencia, que repite una y otra vez los mismos errores y aplasta a los más inocentes.

            Porque David Boyle es un inocente, un niño castigado, despojado de infancia y condenado a ser un adulto imperfecto, una persona (como los vampiros) con el lastre de llevar encima un dolor inmortal. Los dos viajes que hace en su vida son cíclicos: en el primero el destino es la tortura y en el segundo una muerte presentida por el espectador desde que se sube al coche.

            Hay en la película tres hombres, tres vidas marcadas por un hecho del pasado. Sin embargo, en varios momentos de la cinta los personajes reiteran “ya no es mi amigo”, “sólo lo conozco de vista”. Parece que huyen del reencuentro, temen destapar su dolor remoto. Y sin embargo el destino se empeña en unirlos,  ponerlos frente a frente y zaherirlos con una cruel sonrisa. John, Jimmy y David se miran pero no se atreven a acercarse. John parece el único que ha conseguido distanciarse del barrio y conseguir una vida acomodada, aunque fría. Pero como afirma, “es como si todos nosotros nos hubiéramos subido a ese coche”. Aparentemente el más honrado, es incapaz de desmontar la verdad (hecho paradójico, pues no ha vacilado en acorralar a Boyle). Entiendo mejor al impulsivo Jimmy, transparente en sus emociones, en su devoción a la primera esposa y a su hija y fiel a sus convicciones hasta el punto de matar por amor, aunque, como sabemos, el fin no justifica los medios, sobre todo cuando uno se toma la justicia por su mano.

            Es Mystic river una película de personajes y también una dura crítica del sistema judicial implacable y riguroso (como refleja el policía Laurence Fishbourne), atacado de modo magistral por el lúcido David en el humillante interrogatorio al que le somete su “amigo” John. Y poco después será el adolescente quien desafía la autoridad. No debemos olvidar que son las sospechas policiales (con quienes se identifica el espectador) quienes provocan el desenlace.

            También se cuestiona el fracaso del amor o su imposibilidad. Nadie está con quien debiera. Jimmy sigue queriendo a su difunta esposa, y le arrebatan a su hija más querida. Por su parte, David provoca sospechas en Celeste y también es separado de su pequeño Michael, con quien había conseguido su sueño de felicidad.

            Mystic river no sólo posee un sólido guión, sino que se apoya en un ritmo ágil, en unos primeros planos que provocan escalofrió en el cruce de miradas azules de los protagonistas y en la habilidad para manejar el montaje paralelo en las escenas culminantes (al principio, el descubrimiento del cadáver y la primera comunión en la iglesia y en los momentos finales la muerte de David y la confesión de los muchachos). De la misma manera, la música no es sólo un adorno, sino un contrapunto dramático de la acción, y en la cinta hay guiños al thriller, el género de gansters, el drama psicológico…

            David Boyle es un inocente perseguido por lobos que huye y se encuentra siempre con esos bosques y alcantarillas sin retorno. Porque a veces basta un quiebro para que toda la felicidad se desmorone, demostrando que la vida es un callejón sin salida.

publicado por Ana Alonso el 14 enero, 2009

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