Revolutionary road

Han pasado ya unos años desde que Kate Winslet y Leonardo di Caprio coincidieron a bordo del Titanic. Más de una década después lo hacen en un barrio del Connecticut de los años 50 y viven su particular historia de amor. April y Frank tan solo buscan en su relación ser diferentes a los demás, realizar sus sueños y no ahogarse en la rutina y la mediocridad. La búsqueda, no obstante, es inversamente proporcional al resultado.

En esta pareja, el personaje de April está mucho más matizado y es más complejo que el de un di Caprio caprichoso e incapaz de dar el salto, ningún salto en su vida y presa fácil de cualquier tentación. April lucha contra la vulgaridad y el vértigo de la rutina, lucha, enfrenta los problemas y no se deja arrastrar por la indecisión y la tentación de una vida fácil pero vacía. Con todo, el espectador se conmueve con los dos, y sin duda nos identificamos con el desolado Frank tras el vacío, tan real que traspasa la pantalla, que deja April tras su marcha.

La lección de la película es dura, mucho, no tanto por la conmovedora historia de estos dos jóvenes en busca de la felicidad y de una quimera, sino por las pequeñas historias de las parejas que los rodean, llenas de hipocresía y mentiras. En este sentido, los minutos finales son, si cabe, más demoledores que la historia de April y Frank. La misma sensación provocan otras películas de Sam Menders, como American Beauty, donde el aparente orden esconde traición, violencia y deseos escondidos. También me recuerda en muchas escenas a Las horas, por la infelicidad absoluta del personaje femenino.

Lo mejor de Revolutionary road es, aparte de su capacidad para conmovernos, Kate Winslet, actriz versátil, alejada de modas y estereotipos, inconfundible y a la vez distinta en todos sus papeles.

publicado por Ana Alonso el 24 enero, 2009

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