La revista Premiere nombró a Mystic River una de las 20 películas más sobrevaloradas de todos los tiempos. No podría estar más en desacuerdo.

★★★★☆ Muy Buena

Mystic River

Muchos son los elementos que conforman la forma de ser de una persona. Muchas son las decisiones que nos llevan por uno u otro camino. Unos creen que el destino está escrito, otros, sin embargo, afirman que tan sólo nosotros somos dueños de nuestro futuro. A veces decidirse por uno u otro sendero puede cambiar totalmente la vida de alguien. Llámenlo golpe de suerte, casualidad, destino, decisión equivocada… pero siempre hay elementos externos que pueden cambiar lo que uno es o está destinado a ser. El subirse o no a un coche puede marcar la diferencia entre una vida feliz y años de pesadilla. Bienvenidos al mundo de Mystic River.

Jimmy, Dave y Sean. Tres niños que como cualquier chaval de su edad son amigos, estudian, y de vez en cuando juegan al jockey en las calles de Boston. Inconscientes, traviesos, ¿quién no ha deseado alguna vez dejar su nombre a la posteridad sobre el cemento fresco? Jimmy y Sean cumplirán su sueño. El de Dave, sin embargo, quedará a medias, como su nombre incompleto en el cemento. Dos hombres de paisano, haciéndose pasar por policías, se lo llevarán en un coche. Desde entonces nada volverá a ser lo mismo.

En el 2003 Clint Eastwood decidía adaptar Mystic River, una novela policíaca que convertiría en un viaje a la psique humana, al condicionamiento de la vida humana, al enorme peso que supone un hecho traumático, resaltando el hecho de que ninguna decisión parece dejar al entorno de aquél que la toma del mismo modo en que estaba antes.

Si técnicamente podríamos englobar a Mystic River dentro del género policíaco o crime story, la trama de la película va mucho más allá de la investigación de un crimen. Son muchas las líneas que se siguen a lo largo del film, aunque todas parten de un mismo hecho, un crimen terrible: el abuso de un menor.

Un tema tan peliagudo como éste no suele ser tratado fuera de los circuitos independientes, y desde luego no es Hollywood un lugar propenso a tocar temas embarazosos, políticamente incorrectos o que puedan suscitar quejas o herir sensibilidades. Por ello no resulta extraño que Eastwood tuviera problemas para encontrar financiación para una historia basada en un caso tan oscuro. Y, en cierto modo, no deja de resultar paradójico que fuera un director de setenta y cinco años el que abordara uno de los mayores tabúes para los grandes estudios. Y este hecho ayuda a confirmar que las obras del californiano son de una absoluta vigencia.

 

Desde que el depredador humano baja del coche hasta que Jimmy y Sean se despiden de una sombra en una ventana de la casa de Dave, Eastwood logra narrar un hecho tan sensible y atroz de una forma somera, limpia, y, al mismo tiempo, dotando a toda es parte de la historia de una fuerza, un ritmo y un impacto visual  que quitan el aliento. Sirvan como ejemplo dos escenas: el hombre oscuro (¿un obispo?) que se vuelve lentamente hacia la cámara y cuyo anillo refulge desde el asiento delantero del coche, y una breve escena en la que Dave suplica a sus captores. Concisión, pulcritud, y, sin embargo, uno no deja de sentirse abrumado y sobrecogido.

Tras una elipsis de varios años dejamos los 70 para viajar a la actualidad, donde Jimmy es un dedicado padre cuyo ojito derecho es su hija Katie, fruto de un matrimonio roto durante la estancia de Jimmy en la cárcel, traicionado por un compañero, y durante cuya reclusión asistió impotente a la enfermedad y muerte de su esposa. Tras ser libre de nuevo saldó sus deudas, se volvió a casar y rehizo su vida, convirtiéndose en un importante miembro de la mafia local.

Dave, marcado por su traumática experiencia de pequeño, es un hombre taciturno, gris, y que a pesar de haber contraído matrimonio con Celeste (prima de la mujer de Jimmy) parece sentirse siempre solo, inmerso en sus pensamientos y sus recuerdos. Parece ahogar sus penas en alcohol, coincidiendo una misma noche en ese extraño tugurio con la hija de Katie, joven y bella, que se lo pasa bien junto a sus amigos y prepara un viaje junto a su novio. Dave la mira embelesado, parece sonreír. ¿Siente deseos sexuales hacia la joven, o sólo se complace por ver a la hija de un amigo divertirse? No parece quedar del todo claro. Horas después, la policía recibe la llamada de unos chicos. Katie aparecerá muerta y brutalmente apaleada en una zanja.

Si un crimen separó a los tres amigos este asesinato los reunirá de nuevo, puesto que Sean es ahora un policía que trabaja en homicidios. Junto a su compañero el sargento Powers tratará de dar con el criminal en una carrera contrarreloj contra la furia de Jimmy, quien moviendo sus contactos y usando a sus matones tratará de tomarse la justicia por su mano.

Pasado y destino. ¿Es un hombre lo que dice ser, o es como los demás perciben que es? Sangre en las manos, una historia inconexa. La noche del crimen Dave volvió tarde. Su única coartada es su mujer. Y ésta comenzará a asustarse del comportamiento errático de su marido.

Mientras Sean y Powers tratan desesperadamente de atar cabos, Jimmy trata por todos los medios de saciar su sed de venganza. Llamémosle destino. Será el destino el que ponga a Jimmy en posesión de una información reveladora. Un mafioso no se preocupa de juicios justos. En la particular forma de ver las cosas de Jimmy, el pasado será la mejor prueba de culpabilidad. Todo quedará confirmado: el hombre es incapaz de escapar de lo que fue o lo que hizo. Sus circunstancias le atarán de por vida.

Sean llegará tarde sólo por unas horas. Agobiado por su situación personal, inmerso en una crisis matrimonial, el “chico listo” del grupo de amigos no podrá evitar lo inevitable. “A veces diría que los tres subimos en el coche aquel día”. En medio de una cabalgata, un gesto final para con Jimmy, quien parece decir “aquí me tienes”. ¿Se hará justicia? Eastwood no parece dejarlo claro. Que el espectador decida.

La revista Premiere nombró a Mystic River una de las 20 películas más sobrevaloradas de todos los tiempos. No podría estar más en desacuerdo. La labor de Heny Bumstead nos ayuda a sentirnos como si estuviéramos en esos barrios residenciales de Boston junto al río, mientras que la oscura fotografía de Tom Stern envuelve la historia en una bruma crepuscular que parece querer ocultar hechos terribles. En definitiva, Eastwood logra en Mystic River un nuevo ejercicio de saber hacer y de artesanía a la manera de un veterano con las ideas claras (39 días de rodaje). Salvo para el espectador más audaz el director logra mantener un velo de misterio a lo largo de toda la cinta, en la tradición del whodunnit anglosajón, mientras se adentra en la psicología de los personajes, analizando sus motivaciones e inquietudes: Jimmy es la venganza, Sean es el deber, Dave es el conflicto interno que debe ser resuelto, el novio de Katie y su hermano son los lazos familiares llevados al límite, Celeste es la razón (y también el prejuicio) que se antepone a los sentimientos, mientras que la mujer de Jimmy es el instinto de protección. Así, Mystic River es todo un calidoscopio de las altas y bajas pasiones, de aquellas cosas que hacen al ser humano rozar el cielo y descender a los infiernos.

Kevin Bacon lo tenía difícil para rivalizar con dos actores de la talla de Sean Penn y Tim Robbins, siendo además su personaje el más discreto de los tres. Robbins logra una de sus mejores actuaciones, moviéndose entre la interiorización y exteriorización de un trauma, logrando resultar creíble en un papel complejo pero también muy agradecido. Con todo, la fuerza interpretativa y el carisma de Sean Penn resultan tan brutales que seguramente sea él quien más destaque de toda la película, aunque las confrontaciones entre Robbins y Penn constituyan uno de los mejores duelos interpretativos de los últimos años.

Destacar también la labor de Marcia Gay Harden como la asustada mujer de Dave, y un correcto Laurence Fishborne como el sargento Powers. Mención especial para la breve aparición del gran Eli Walach, un detalle de Eastwood para con su amigo y genial compañero en ese clásico del western que ambos protagonizaron, El bueno, el feo y el malo.   

publicado por Moebius el 13 marzo, 2008

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