Yo serví al rey de Inglaterra

La vida de Jan Dítě está marcada por dos hechos claros:

1. Su corta estatura

2. Su amor por el dinero.

De ambos consiguió sacar provecho durante su juventud. De vendedor de salchichas en una estación gracias a su visión para acercarse al dinero acabó como camarero de los locales más prestigiosos y extraños de Praga. Sus peripecias y amoríos a parte de rocambolescos le llenaban de vida y entusiasmo por conseguir su sueño. Ya con la distancia de la edad a pesar de haber tenido bastante suerte en la vida reflexiona sobre sus actos e infamias retirado en un bosque perdido rememorando sus más loables conquistas sentimentales y su ascenso hasta codearse con el mismísimo emperador de Abisinia.

El relato de Jan es una delicia de pinceladas rápidas adornadas de cierta poesía, ese muchacho decorando los cuerpos de damiselas con flores, comida o billetes para hacer que se vean reflejadas en el espejo con una sutil mezcla entre American Beauty y La Venus del Espejo son de una plasticidad inmensa, dan serenidad y sosiego entre los relatos atropellados del protagonista que cada vez que consigue un logro tiene que irse corriendo de su destino buscando nuevos lugares donde ver y aprender hasta llegar a ser millonario y comprar su propio hotel.

El director checo Jirí Menzel no renuncia tampoco a hacer un poco detallado y esquivo retrato de la historia de un país. Con frases certeras y comportamientos radicales hace que escuchar un programa de radio sea mucho más ilustrativo que ver una cinta bélica. No se avergüenza del oportunismo, de los cambios de ideas de su avispado protagonista y sobretodo lo convierte en un ser tan humano que da un poco de miedo al verse reflejado en sus espejos, los mismos espejos donde sus mujeres hermosas sonreían observando su obra.

Y es que Yo serví al rey de Inglaterra destila ironía, sarcasmo y alegría. Sus diálogos entre delirantes y surrealistas son como un cuento que huye de la simpleza optimista de cintas europeas como La Vida es Bella y se acercan a experimentos como Europa Europa sin ceder un mínimo a la autocomplacencia. Se moja, destruye las ideas preconcebidas, cambia todo lo que estaba establecido y Dite se convierte en un oportunista desencantado codeándose con los nazis, sirviendo a damiselas desnudas y siempre pendiente de estar rodeado de millonarios.

Una delicia.

Lo mejor: La inmejorable sucesión de escenas “decorativas”
Lo peor: Que se pueda perder en la anécdota fácil el sarcasmo histórico que desprende.
publicado por Ana Belén Pacheco el 23 septiembre, 2008

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