Es una sátira trágico-cómica de la Europa absurda que aún no ha terminado de digerir la barbarie de dos guerras.

★★★★☆ Muy Buena

Yo serví al rey de Inglaterra

         Este es un nuevo caso de cine europeo, de un destacado director checo esta vez, que se estrena casi clandestinamente en salas poco frecuentadas y permanece poco tiempo en cartelera, a pesar de ser una película para el gran público y haber recibido el Premio a la Mejor Película en el Festival de Cine de Comedia de Peñíscola y el premio FIPRESCI en la Berlinale 2007. El problema de las distribuidoras que nos obligan a ver cine comercial malo parece que no tiene solución.

        "Yo serví al rey de Inglaterra" es una sátira trágico-cómica de los primeros años del siglo XX europeo, del nazismo posterior y del comunismo que se instauró a continuación en Checoslovaquia, tres etapas que coinciden con la historia reciente de gran parte de Europa. El protagonista, Jan Dite, es un camarero que intenta durante toda su vida convertirse en millonario. Finalmente, a la llegada del régimen comunista, termina en la cárcel y se alegra porque "al fin será uno de ellos" compartiendo su celda con los antiguos millonarios de Praga a los que sirvió.

        Ante la vista del camarero Dite, hombre bajito y de pueblo pero como buen camarero buen observador, desfilan toda clase de personajes y situaciones estrafalarias que por más dramáticas que sean no pierden su componente absurdo, el absurdo que inundó Europa durante esos años. Dite permanece imperturbable, es un hombre con suerte que no desaprovecha ninguna de las ocasiones que se le presentan para conseguir sus objetivos en las circunstancias más comprometidas.

        Esta es la segunda novela de Bohumil Hrabal que el director checo Jiri Menzel lleva a la pantalla. La primera fue "Trenes rigurosamente vigilados" por la que recibió un Oscar a la mejor película extranjera y el semanario Times la considera entre las cien mejores películas de la historia.

        El humor que demuestra, más que checo es un humor extremadamente humano, universal, aunque seco, frío, amargo y lleno de contrastes, que por momentos hace reír o por lo menos nos arranca una sonrisa compasiva.

        A la vejez, que es cuando empieza la película, el checo Jan Dite conoce a una mujer con cierto retraso mental que le hace rememorar su azarosa vida y las ilusiones pasadas. Es curioso cómo en el cine las personas con discapacidades psíquicas siempre ponen una nota de ternura que en la realidad no siempre suele suceder. Es lo que le hace falta al viejo camarero para mirar su propia vida con tierno sarcasmo.

        La película es una crítica implacable al Poder del dinero y al dinero del Poder. Tiene sentencias contundentes, por ejemplo la de que "el trabajo dignifica" es una frase que se la inventaron los ricos mientras bebían en los burdeles de Praga. Pero la película nos hace reflexionar no solamente por sus diálogos, las situaciones que nos presenta también nos hacen dudar de los repetidos valores de la civilización Occidental. Es una película sana, introspectiva, para una Europa que aún no termina de salir de la barbarie de las dos guerras.

Lo mejor: El humor que demuestra, más que checo es un humor extremadamente humano, universal, aunque seco, frío, amargo y lleno de contrastes, que por momentos hace reír o por lo menos nos arranca una sonrisa compasiva.
publicado por Leopoldo de Trazegnies Granda el 9 noviembre, 2009

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