Aunque tenga muchos lugares comunes, Beaufort es una película que merece la pena, con una situación límite, en la que unos soldados, sólo pueden resistir inútilmente hasta que les den la orden de partir, mientras afianzan sus lazos de amistad.

★★★☆☆ Buena

Beaufort

Aprovechando su nominación al Oscar como mejor película extranjera, vamos a hablar un poco de Beaufort, del Estadounidense-Israelí Joseph Cedar.

Beaufort, (del francés, fuerte bonito), es un castillo de origen árabe ocupado por los cruzados en el siglo XII. Como punto de interés estratégico, y situado en territorio del Líbano, fue tomado por el ejército Israelí desde 1976 hasta 2000, año en que se retiraron las últimas tropas. Beaufort, la película, nos cuenta la vida de esos últimos soldados israelíes que entraron a formar parte de la historia.

Joseph Cedar firma una cinta formalmente correcta, con un reparto abundante, y otorgándole más fuerza a los personajes y sus relaciones que el entorno histórico y político en que se enmarcan. De hecho, esa situación de guerra no deja de ser una mera abstracción, con un enemigo completamente invisible, y muchas veces inexistente, con un castillo considerado sagrado al que ir a tomar el sol, y, en definitiva, con un puñado de críos jugando a ser mayores.

Ron Leshem, escritor israelí de gran éxito, al que pudimos ver en la pasada Semana de Cine Experimental de Madrid, escribió su libro Im Yesh Gan Eden (Si el Cielo Existe) en que se basa la película, y también ha colaborado en la escritura de su guión. De origen periodístico, fue galardonado en 2006 con el mayor premio existente en literatura hebrea, el Sapir Prize. Centrándose mayoritariamente en las relaciones de esos críos, que, obligatoriamente han de cumplir un servicio militar de tres años, Leshem desarrolla un argumento claustrofóbico, en claro paralelismo con el laberinto de túneles que conforman la fortaleza israelí. No obstante, y a pesar de un estupendo punto de giro en la primera media hora de la película, esas relaciones se van viendo reducidas a una sucesión de toma y daca entre un oficial novato e inmaduro, obsesionado por cumplir las órdenes, y su grupo de soldados y amigos, que únicamente piensan en salir del lugar en cuanto puedan. El oficial, finalmente, será redimido y retornará como el hijo pródigo al hogar israelí.





Beaufort es una película que se hace larga, porque tiene un inmenso fallo: el ritmo. Hasta más o menos la mitad, todo va bien, pero luego se desmorona, eternizándose en el desarrollo de unos personajes que, podemos colegir, se conocían de antes todos, o eran amigos ya de antes, o eran vecinos, o algo parecido. Porque, cada vez que un nuevo soldado llega al destacamento, todos se tratan con suma naturalidad, dejando al espectador dudar entre si verdaderamente todos son colegas desde tiempo atrás, o en el ejercito israelí todos son así, o, como es más probable, se juega con el tiempo de la narración de un modo tan brusco que en cada escena pueden haber pasado semanas sin que nada ni nadie te lo indique.

También, por descontado, tenemos presentes los típicos anhelos de las subtramas: el soldado que quiere ser músico, el que tiene una novia en Nueva York y se irá a verla cuando le licencien, el soldado que acude voluntario al lugar porque sus familiares perecieron allí…



Pero hablemos de técnica, que es donde esta película sobresale. La realización, sin ser un gran alarde, es bastante adecuada, consiguiendo el efecto de claustrofobia deseado, gracias a un decorado que cumple su función a la perfección. Tras el plano inicial a lo Cube, nos veremos inmersos en un laberinto de túneles metálicos opresivos que representan la seguridad, mientras que los espacios abiertos simbolizan el peligro, pues el enemigo puede bombardear con la artillería en cualquier momento. La fotografía del israelí Ofer Inov, bastante realista, favorece y enfatiza estas dos vertientes. La música de Yishai Adar acompaña a la perfección durante toda la película, realizando ese papel, tan denostado en las últimas grandes producciones, de escoltar y apoyar a la imagen y la trama, en lugar de luchar por ver cuál es superior.

En suma, podemos decir que aunque tenga muchos lugares comunes, abundantes en este tipo de películas, Beaufort es una película que merece la pena. Nos presenta una situación límite, en la que unos soldados, atados de manos, sólo pueden resistir inútilmente hasta que les den la orden de partir, mientras afianzan sus lazos de amistad.

Como nota final, una curiosidad social de la película. Al parecer, levantó gran polémica entre familiares de los muertos en Beaufort porque algunos de los actores no habían cumplido totalmente el período de servicio militar obligatorio. Con una parte de la sociedad así, no es de extrañar que situaciones como la que nos presenta la película se hayan dado, se sigan dando y se den en el futuro.
publicado por Sandavito el 24 enero, 2008

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