Película comercial que no aspira a mucho más que meramente entretener, y que seguro no pasa a la historia del cine.

★★☆☆☆ Mediocre

Despierto (Awake)

Despierto contiene la fórmula del éxito en estos tiempos: Protagonistas famosos, secundarios aceptables, y una trama con giro inesperado al acabar el segundo acto y un whodoneit que, si bien se puede intuir, no te es revelado por guión hasta casi el final.



Respecto a los famosos, Jessica Alba, cada día más en boga tras Los cuatro Fantásticos  y el remake de The Eye, y Hayden Christensen, el soso y malo Anakin Skywalker en las dos últimas fanquicias de Star Wars, y que hace poco estrenó en España la irregular Jumper. Como secundarios, Terrence Howard, que recientemente vimos en La sombra del cazador, y Lena Olin, que, entre otras películas, ha trabajado a las órdenes de Jaume Balagueró en Darkness. La trama pasa de ser un drama acerca de un complejo de Edipo (sin deseo, eso sí), a convertirse en un thriller con una operación a corazón abierto como escenario. El whodoneit no lo revelo, pero se puede prever; y el final es un tanto plano… pero válido.




Joby Harold debuta en la dirección con Despierto, y casi debuta en el mundo del cine. No se arriesga mucho, aunque sí plantea, tanto por guión (que también es suyo) como por realización, algunos momentos interesantes, de flashback revisitado en la memoria, como rebuscar en tus propios recuerdos inconscientes en busca de detalles no apreciados al vivirlos. Aparte de eso, es bastante comercial y convencional. No se hace aburrida, pero tampoco demasiado amena, ni te mantiene pegado al asiento. Quizá lo que mejor conseguido está es la focalización del personaje de la madre, que vira desde el papel de bruja mala hasta convertirse en heroina, a medida que la percepción del protagonista evoluciona con el desarrollo de la historia.

Fotografía notam en el hospital (que abarca más del 50% de la película) y naturalista en el resto de la cinta, el trabajo de Russell Carpenter no llama la atención ni en un sentido ni en otro. No ocurre así con Samuel Sim, el compositor, que abusa de los golpes de orquesta para intentar dotar de una tensión a su partitura que no tiene per se.

En definitiva, un producto de consumo rápido que no dejará posos en los espectadores, salvo algunos momentos médicos algo gore, no aptos para sensibles y personas demasiado empáticas.
publicado por Sandavito el 26 marzo, 2008

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