Me quedo con el Resnais de los libros de historia del cine, el Resnais de Hiroshima mon amour.

★★☆☆☆ Mediocre

Asuntos privados en lugares públicos

Cuando uno va a ver una película de Alain Resnais, cuando va a verla conscientemente, está preparado para ver algo fuera de los cánones habituales, algo que te emocione, que mueva dentro de ti alguna parte de tu ser, por ínfima que sea. No es ese el caso de la cinta que nos ocupa, Asuntos privados en lugares públicos, un largometraje en general bastante convencional, salvo por algunos toques de realización, especialmente cuanto más avanzado está la película.

De entrada tenemos una serie de historias entrelazadas, que no por poco original significa de por sí que carezca de interés. Los personajes son todos unos perdedores de una u otra manera, enfrentándo sus propios deseos con la realidad que se los trunca. Idem. Hay tramas amorosas (casi todas) salpicadas de toques de humor. Idem, eadem, idem.


Esa es la tónica de la película, la sensación de haber visto una y otra vez lo mismo, los mismos personajes, las mismas situaciones, pero en otro lugar, en otro momento: pareja a punto de romper, hombre maduro con un repentino deseo por su compañera de trabajo…



Resnais, que en 1997 se adelantó a Emilio Martínez Lázaro con On connâit la chanson (sin duda alguna fuente de inspiración de la exitosa El otro lado de la cama y secuela, del director español), y que podemos encontrar en todos los libros de historia del cine por películas como Hirosima mon amour o El año pasado en Marienband, llega avalado por el león de plata a la mejor dirección en el festival de Venecia de 2006, el premio Fipresci en 2007, premios de crítica europea y un montón de nominaciones a los César, ¿cómo decirlo?… Sin llegar a aburrir del todo, consigue que se haga larga la película, con secuencias irrevocablemente destinadas a acabar y empezar con cortinillas de nieve cayendo, con súbitos cambios de realización en momentos que parece no querer decir nada, con unas historias que, como hemos dicho, ya hemos visto antes. Tiene su gracia en algunos momentos, y se va animando conforme van cambiando las bobinas, incluso hay partes que me parecen preciosas, como la variación a situaciones teatrales, con esa sempiterna nieve cayendo dentro de una cocina mientras dos personajes se cogen la mano, o el enorme haz de luz, foco teatral por excelencia, que nos habla de la soledad de cada uno… Pero eso no levanta la película. Confirma que es teatro en imagen, con cambios de planos de foco a veces bastante bruscos, movimientos ampulosos de grúa sobre el decorado de un piso, y una constante sensación de que te falta algo, de que no es redondo.

Yo, particularmente, me quedo con lo que dicen los libros de historia del cine, con el Resnais de Hiroshima, a pesar de que no, yo nunca estuve en Hiroshima.

publicado por Sandavito el 24 marzo, 2008

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