Historia de dos perdedores que anhelan poseer la comodidad y los bienes materiales mediante un esfuerzo mínimo. Cuando piden ayuda a su adinerado tío Howard, la providencia impone un precio inesperado, un esfuerzo que en tal caso se convierte en el dilema moral que sostiene todo el discurso. Como siempre, los personajes están definidos con una precisión milimétrica y el desarrollo de químicas y actitudes contrapuestas cuenta con un claro motivo argumental, con lo cual tenemos una película con un desarrollo bastante sólido (contrariamente a lo que se ha dicho desde los primeros pases de prensa).
Y es que la sencillez es aquí una virtud. Película aparentemente monotemática y abocada a los tópicos, pero Allen no olvida la historia que quiere contar y consigue llegar al final de su narración de tesis sin que sus trampas lleguen a producir un sesgo irreparable. El relato funciona en sus aspectos formales, pero se nota en exceso la mano del guionista; las palabras de Ian y Terry son la misma conciencia de Allen, repitiendo el mismo dilema ya expuesto en obras anteriores, y, por ende, a menudo dejan de ser ellos mismos para convertirse en la "tesis" del cineasta, con lo que el relato pierde en profundidad para desbarrar en el discurso megalómano, un cierto simplismo muy bien disimulado por la incuestionable agilidad narrativa en lo que al esquema y la progresión general se refiere. Película, en definitiva, brillante cuando la contemplamos partiendo de su esquema externo hasta llegar a una situación final resuelta de modo coherente, pero fallida atendiendo a la riqueza de matices que pretende ofrecernos desde la tragedia que late en el fondo.
En cuanto al discurso, cabe mencionar algunos temas: Ian es la inconsciencia casi nihilista, y defiende la realidad descarnada de la naturaleza. La vida se alimenta de la muerte, y aquí el personaje expone un planteamiento erróneo, puesto que aplica variables propias del mundo natural a la misma cultura del sueño americano, obviando la necesaria distinción entre esos dos estratos de la vida humana. Terry es el evidente cliché de la conciencia social. El uno perdido en su egoísmo, el otro en la confusión de un alma débil, juntos escenifican el fracaso y los sueños frustrados. El último plano general, en el que vemos la barca "Cassandra’s dream" meciéndose entre el oleaje, la última testigo del fin de una ilusión. De esta manera, concluye con una clara referencia a las primeras imágenes del filme, cuando los dos hermanos acuden al puerto para adquirirla al mejor precio.
En fin, tragedia marca de la casa, algo tramposa, pero tiene el potencial de dejar un poso amargo en el espectador sensible, cumpliendo con el objetivo esencial de un producto bastante modesto.




















