Pocas obras maestras ha dado el género en los últimos años, y “Un engaño de lujo” no es una excepción. Nada de genialidad, pero al menos, una más que digna película del tan sufrido género de comedia romántica.

★★★☆☆ Buena

Un engaño de lujo

Hacer una comedia no es cosa de risa. O se recurre al humor más fácil y grueso, al guión más trillado o a tratar a la mayoría de personajes como si fueran estúpidos. Pocas obras maestras ha dado el género en los últimos años, y “Un engaño de lujo” no es una excepción. Nada de genialidad, pero al menos, una más que digna película del tan sufrido género de comedia romántica.

Con una puesta en escena tan elegante como eficaz, resulta muy coherente con la pícara historia de una cazafortunas (Audrey Tautou) a quien le encanta ligar con multimillonarios tirando a maduritos, más que para vivir bien, para gastar todo lo que le pongan a disposición de su Visa; y su ‘affaire’ con el barman de un hotel (Gad Elmaleh) que acabará asumiendo el rol de gigoló mantenido por otra ricachona viuda (Marie-Christine Adam) sólo para acercarse a su verdadera amada en el marco dorado de la costa azul.

El toque Blake Edwards y casi (repito, lo de casi) el de otros maestros de la comedia clásica, como Lubitsch, planea en la mente de su director, Pierre Salvadori, que se está convertiendo, con el permiso de Veber, en la gran esperanza francesa en el terreno de la comedia de enredos y equívocos. Se dio a conocer con la estimable “Usted primero”, en aquella ocasión con Daniel Auteil y Sandrien Kiberlain como protagonistas, y aquí da un paso más en su tratamiento ligero, pero no exento de buen gusto e ingenio.

Nos brinda una pequeña sorpresa que además cuenta con una Audrey Tautou dispuesta a dejar atrás la sombra alargada de Amélie y que, haciendo honor a su nombre, el de Audrey, parece recién salida de “Desayuno con diamantes”. Una deliciosa criatura dispuesta a vender su cuerpo al mejor postor, que no su solitaria alma, dando tumbos e ignorando los placeres del corazón.

Audrey, la Tautou, está espléndida; su compañero, el actor de origen marroquí Gad Elmahed (“El juego de los idiotas”, “El tren de la vida”), sabe darle la réplica sin recurrir a los tópicos excesos interpretativos a base de gesticulaciones grotescas, verborreas insufribles o trompazos por doquier, sinó todo lo contrario; y los secundarios no parecen meras comparsas estúpidas. Además, el invento entretiene y funciona.
publicado por Carles el 11 julio, 2007

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