Lejos de la biografía al uso, convence por el perfil ‘real’ que esboza acerca de la artista Edith Piaf, cuyas canciones se convirtieron en himnos para diferentes generaciones.

★★★★☆ Muy Buena

La vida en rosa

El problema de acercarse a un mito es que muchos de sus fans –aunque éste no sería el término correcto- se pueden volver en tu contra. Ese era el riesgo que corría Olivier Dahan con este retrato de una leyenda sagrada para nuestros vecinos del norte.

¿Cómo se puede ganar a un público tan difícil de penetrar? La respuesta es bien sencilla: contando con una actriz que se transforme rasgándose la piel y buscando desde dentro la personalidad de un personaje del que se tienen referencias para aburrir. Lo ha hecho Marion Piaf, perdón, Cotillard, irreconocible en su transformación: rascando encontramos a la actriz que se tomó la justicia por su mano en Largo domingo de noviazgo y entró en el universo de Tim Burton con Big Fish.

Si una canción evoca un estado de ánimo, una película debe hacer lo mismo: provocar emociones y remover los sentimientos dormidos. Es lo que debió pensar el responsable de esta biografía audiovisual apoyada en cicatrices y triunfos sesgada a conciencia con el fin de servir de vehículo hacia una época pasada y recreada no sólo por los decoradores ambientadores, sino también por un reparto donde sobresalen Gerard Depardieu y Emmanuelle Seigner.

Igual que ocurre cuando uno lee un libro y lo recrea en su mente, un personaje de leyenda cobra vida en nuestra cabeza después de haber recibido innumerables impactos informativos. De esta forma, La vida en rosa (la película, no la canción) es una idealización de una estrella a partir de una compilación de biografías oficiales, recortes en prensa, audiciones de su discografía y percepciones personales –éstas se llevan la mayor parte del pastel-.

El fundamentalismo popular y los ánimos destructivos de ciertos críticos pueden condicionar el futuro de este loable trabajo, caso similar al de la reciente Lola, la película, con una soberbia Gala Évora. Después de este comentario chovinista ibérico –por hacer paralelismos entre dos artistas, dos mitos-, sólo nos queda destacar que puede parecer excesivo su metraje que, aunque compensado por un excelente banda sonora, merma en parte la capacidad de impacto que ostenta este retrato de La Môme desde su primer fotograma, con el que se inicia una vida apasionada y apasionante.
publicado por Daniel Galindo el 6 mayo, 2007

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