Su voz hechizaba. Arrastraba las erres como si fuera española y eso le daba un tono desgarrado. Nunca dejamos de oir cantar a la niña que se hizo vieja entregándolo todo y que acabaría deshecha como un instrumento maltratado.

★★★★★ Excelente

 

                 Edith Piaf, la Môme, cantó su tristeza durante 48 años y entonces se quebró como el hueso de un gorrión, sin hacer ruido.

                            No era una mujer agraciada, ni simpática, ni especialmente interesante, pero poseía la magia de emocionar porque ella en sí misma fue una emoción permanente, una vibración desconocida que se percibía en su voz. Hechizaba con su llanto seco, áspero, que le salía de lo más hondo. Nunca dejamos de ver cantar a la niña que se hizo vieja entregándolo todo y que acabaría deshecha como un instrumento maltratado.

        ¿De dónde sacaba la fortaleza para sobrevivir esta mujer débil que nunca se compadecía de sí misma? ¿cuántas veces tuvo que mandar a la mierda al mundo para poderse reconstruir?

        Hay palabras en francés que parecen creadas especialmente para ella, como "chagrin", "regreter" o "amertume", que figuran en las letras de sus canciones y que ella vive de forma casi autobiográfica. Edith Piaf representa a Paris como Chavela Vargas a México o Violeta Parra a Chile.

        La película nos la muestra simultáneamente en distintas etapas de su corta existencia. Combina su infancia frustrada con la época en la que se ganaba la vida como podía en el París de los años 20, la vemos también llegar al éxito a través de una serie de casualidades y presenciamos su decadencia hasta su muerte. Su vida nos va conmoviendo cada vez más a medida que se va autodestruyendo.

        La película es lo que ahora se conoce como un "biopic" (biographical picture), titulada en Francia La Môme ("La chiquilla") y La vie en rose en el extranjero, título de una de sus canciones más conocidas que representa la gran contradicción entre la felicidad y su tragedia. Una de ellas fue la de llegar a ser querida por todos pero amada por ninguno.

        Marion Cotillard ha interiorizado el papel de la cantante en su madurez como si fuera ella misma y su parecido físico es considerable. Las canciones están en versión original por lo que la actriz canta en play-back, excepto las primeras en las que la voz es de una persona más joven y son dos niñas las que interpretan su infancia en un trabajo extraordinario.

        Como nada es perfecto, el director de fotografía, Tetsuo Nagata, tendría que haberle advertido al cámara que para conseguir el efecto de ir andando por la calle no se debe llevar la cámara al hombro y moverla a cada paso porque cuando se anda el que se mueve es el paseante mientras el paisaje se queda fijo, en cambio cuando se mueve la cámara el espectador se queda fijo y lo que se mueve es el paisaje en la pantalla con lo cual se consigue un efecto de "ebriedad cinematográfica". Las escenas exteriores desgraciadamente adolecen de ese defecto tan común y desagradable. Aparte de este detalle técnico, la película tiene un colorido muy bien conseguido, los diálogos reflejan la pasión necesaria sin caer en la afectación (me refiero a la versión original en francés) y el complicado montaje de las distintas épocas de la vida de la artista se sucede de forma natural.

        La película deja al espectador conmovido y sumido en la dulce tristeza de la Piaf.

Leopoldo de Trazegnies Granda

Lo mejor: Marion Cotillard ha interiorizado el papel de la cantante en su madurez como si fuera ella misma y su parecido físico es considerable.
Lo peor: cuando se mueve la cámara el espectador se queda fijo y lo que se mueve es el paisaje en la pantalla con lo cual se consigue un desgradable efecto de
publicado por Leopoldo de Trazegnies Granda el 9 febrero, 2010

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