Madrigal es una película para los amantes de las rarezas, de las historias enigmáticas e incomprensibles, esas que plantean una infinidad de preguntas incoherentes que no ofrecen ninguna respuesta, y que permiten una infinidad de interpretaciones.

★☆☆☆☆ Pésima

Madrigal

Ante la falta de originalidad que sufre el cine, cada vez abundan más en las definiciones de las películas palabras como referencia, homenaje o guiño, en referencia a escenas o planteamientos muy similares con los de otros films. Eso por no hablar de la larga lista de vocablos que por sí solos describen a las obras cinematográficas, como secuela, precuela, remake… etcétera.

Con Madrigal, Fernando Pérez rinde un homenaje a David Lynch y a uno de sus últimos trabajos, la tan alabada por unos como denostada por otros, Mulholland Drive. ¿Ven a lo que me refiero? Todos hemos caido alguna que otra vez en la tentación de utilizar palabrejas para referinos a tal o cual cinta. ¿Pero qué es lo que diferencia a un homenaje de una burda copia zarrapastrosa? Pues algo muy subjetivo, como es la valoración del film en sí mismo: si la valoración es buena, puede pasarse por alto la presunta falta, pero pobre del director como la valoración sea mala, ya que en ese caso se consumirá en el fuego para toda la eternidad. Toda esa parrafada viene a cuento de Madrigal y sus sospechosas y peligrosas similitudes con Mulholland Drive (vamos a hacer la vista gorda con la dedicatoria a René Clair), especialmente en su tramo final. Fernando Pérez, como ya hiciera Lynch, transforma la realidad a su antojo en el último acto, retorciéndola y moldeándola a su gusto. Las dos historias que plantea Madrigal son excesivamentes rebuscadas, al mismo tiempo previsibles, vacias, y rozan lo absurdo y el esperpento, en el peor sentido. El film adolece de originalidad, por no hablar de la absoluta carencia de ritmo. Lo mejor es el aspecto técnico, muy cuidado, y las interpretaciones de sus actores, que rinden todos a un buen nivel.

Madrigal es una película para los amantes de las rarezas, de las historias enigmáticas e incomprensibles, esas que plantean una infinidad de preguntas incoherentes que no ofrecen ninguna respuesta, y que permiten una infinidad de interpretaciones.
Lo mejor: Las interpretaciones
Lo peor: El guión
publicado por Francisco Bellón el 29 marzo, 2007

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