Desde la más profunda indiferencia hasta el sopor más inquebrantable

★★☆☆☆ Mediocre

Lutero

Parece que, de un tiempo a aquí, el narrar la vida de un personaje histórico/importante para suplir la carencia de ideas se está convirtiendo en un recurso gratuito demasiado manido y con resultados no siempre convincentes.

“Lutero”, el film que nos ocupa, es uno de los más claros ejemplos de ello. Se trata de una obra que posee una factura técnica impecable, pero que no va más allá de los alardes puramente técnicos y de un par de ideas sin profundización, como está ocurriendo últimamente con este tipo de (super)producciones con carácter de biopic.

La película termina siendo muy irregular, y logra perder su limitado interés hasta para los más renegados seguidores de las creencias católicas. Se podría afirmar que la totalidad de su metraje es únicamente interesante desde el instante que procura desenmascarar el fraude y soborno de la Iglesia, un fraude que se aprovecha de las desgracias, carencias, convicciones e ilusiones del pueblo con el único y puro afán de lucro.

Pero, como no podía ser de otra forma, lo aquí descrito ya lo hemos visto cientos de veces en cine y literatura. Sin ir más lejos, películas como “Stigmata” ya lucían la cita de: “El Reino de Dios está en tu interior, no en las construcciones de madera y piedra. Parte un tronco de leña y ahí estoy, levanta una piedra y me encontrarás…”.

Eric Till, padre de esta criatura, pretende que nuestro particular Lutero no quede reflejado como un simple rebelde, pero, a duras penas, termina sucumbiendo. Su intención de colocarlo como un abanderado mártir no termina de convencer ni conmover. Solamente logramos sumergirnos en la idea de que el personaje no es más que otra víctima de lo inevitable. Una víctima de la falacia que nos rodea a la hora de intentar desenmascarar a la Iglesia, una tarea, por momentos, cercana a lo utópico tras siglos de poder. Y, por qué no decirlo, con unas posibles consecuencias tan innecesarias como destructivas para con la humanidad.

Por ello, Lutero, en ciertas escenas, podría colar como clásico incomprendido, tanto por sus seguidores como por sus detractores. Así, como enésima ocasión, nuestro inexorable sino nos conduce al error. Y a las consecuencias. Y a la culpa. Pero también a la obtención de nuevos rumbos.

Lamentablemente, como decía al inicio de mi crítica, el film no nos cuenta nada que no sepamos ya. Y es su principal error: esa escasez en el apartado de la originalidad, tan patente hoy en día en productos de éste talante. Y el reparto tampoco ayuda a suplir sus muchas carencias. Es poco más que correcto en su totalidad, con un Fiennes que no interpreta más allá que su intensa mirada. Ni siquiera el gran Bruno Ganz (que representa la cordura que apoya a Lutero) destaca por encima de la media.

En definitiva, una obra que tiene puntos interesantes aunque ya muy sobados, y que se queda a medias en casi todo. No llega a profundizar lo necesario en el personaje ni en el rigor histórico que ella misma comienza. Y, como consecuencia, termina produciendo la más absoluta de las indiferencias.
Y, en muchos espectadores, hasta el sopor más inquebrantable.
Lo mejor: Únicamente interesante desde el instante que procura desenmascarar el fraude y soborno de la Iglesia.
Lo peor: Escasez en el apartado de la originalidad y que no llega a profundizar lo necesario en el personaje.
publicado por Iñigo el 6 febrero, 2006

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