Buena película de amor, venganzas y engaños. Sobre todo si se tienen en cuenta que cuenta con un escenario inmejorable, ya que está ambientada en Viena.

★★★★☆ Muy Buena

El ilusionista

Magia y amor son dos conceptos íntimamente ligados imposibles de separar. Dicen que cuando se acaba la magia el amor se transforma en cariño, pero eso es tema para otra película. La que nos ocupa, El Ilusionista, toca los dos palos pero con una prudencial distancia. El protagonista es un mago, un ilusionista, que vive de ‘engañar’ a quienes pagan por verle. Les entretiene y les hace ver cosas que no son sobre el escenario a través de trucos que todos hemos visto alguna vez y hemos intentado descifrar en vano. Pero no sólo esta ilusión es la que alimenta la película que dirige Neil Burger, que se nutre también de la que surge del amor.

Una preciosa historia de amor adolescente entre un campesino aficionado a los trucos (Eisenheim) y una noble que quiere escapar de su sino (Sophie). Sin embargo, el cruel destino les obligará a tomar caminos separados hasta que vuelvan a tropezar sobre un escenario. Él, como mago profesional y de reconocido prestigio y ella, como la prometida del malévolo príncipe (Leopold, un resultón Rufus Sewell, al que los más friáis recordarán por Dark City). A partir de hay surgen una serie de encuentros y desencuentros con triángulo amoroso incluido al que dan lugar el antiguo amor que renace, el despecho del cornudo y el miedo a lo que vendrá después.

El Ilusionista, cuyo argumento es el que es, tiene la suerte de contar en el papel protagonista con Edward Norton, uno de esos actores que sólo con su presencia llenan la pantalla y captan la atención del espectador. A estas alturas de su vida profesional (ya cuenta 37 primaveras pese a su cara de jovenzuelo), Norton tiene poco que demostrar después de películas como American History X, El club de la lucha y La última hora. Aunque bien es cierto que el papel no resulta demasiado complicado, ya que sólo necesita poner cara de misterio para dejar en el camerino los secretos que nadie debe descubrir, pese a que uno de los emisarios del temido príncipe Leopold, al que da vida un aficionado al engaño Paul Giamatti, lo intente. Un acierto pleno en el reparto ya que a parte de ellos dos, el malvado príncipe le sale redondo a Sewell, a quien le basta con su mirada habitual para meternos el miedo en el cuerpo. Y luego está la chica, Jessica Biel, a la que hemos visto en algunas series de televisión y que va por el camino de convertirse en una de las más deseadas, cuando el mundo entero se de cuenta de su talento.

El Ilusionista es una buena película de amor, venganzas y engaños. Sobre todo si se tienen en cuenta que cuenta con un escenario inmejorable, ya que está ambientada en Viena, una ciudad que contribuye a misterio que rodea toda la historia en la que predominan los marrones y negros de la época. El ilusionista disfruta además de una estética cuidada al máximo en la que el espectador puede aceptar al invitación a un viaje a través del tiempo en el que dejarse engañar por un hábil maquillador de la realidad como Eisenheim. Una invitación maravillosa que no debe ser rehusada por los habituales de lo extraño y de Norton. Pero, quizás, lo mejor de todo sea el regustillo que le queda a uno después de haberla visto. Algo similar a lo experimentado tras ver El golpe (esa maravillosa obre de arte cinematrográfico) o The Score (no tan buena, pero casi). Quienes acudan al cine para verla lo entenderán.
publicado por Juan Nadie el 20 noviembre, 2006

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