El término thriller se queda corto a la hora de encuadrar este filme que recupera lo mejor del género film noir, al que se acerca desde una nueva aproximación.

★★★★☆ Muy Buena

La ópera prima del director de origen georgiano –aunque afincado en Francia- Géla Babluani resulta un impactante y brillante relato lleno de crudeza y tensión que convierten a este cineasta en una firme promesa de los últimos tiempos. Filmada en blanco y negro, con la característica estilización visual del mejor cine negro, al que añade cierta “suciedad” en la imagen que hace que gane en realismo, 13 Tzameti poco a poco nos introduce, con un toque formal expresionista, en un ambiente cada vez más sórdido y asfixiante, corrompido y degradado, poblado de “personajes vampiro que se alimentan de la sangre de otros”.

Como en toda película de cine negro, el hecho delictivo es el meollo de toda la trama –flaco favor hace al espectador el trailer de la película al destriparlo- al que el director se aproxima paulatinamente consiguiendo crear cada vez mayor expectación. Babluani nos muestra como su protagonista/antihéroe (interpretado por George Babluani, hermano del director) se acerca hacia él, el nudo del argumento, o mejor dicho se ve envuelto en él, de manera voluntaria e involuntariamente al mismo tiempo. Llegando a un punto en el que no hay retorno posible en algo que empezó casi como un sencillo juego, al seguir las instrucciones de una carta dirigida a otra persona. El espectador con capacidad de empatizar con el protagonista puede acabar acumulando altos grados de tensión y nerviosismo agarrado a la butaca, imbuido de una atmósfera de creciente claustrofobia según avanza el guión.

Los personajes están mínimamente perfilados en las cuestiones objetivas y materiales de sus vidas. Poco sabemos de sus motivaciones. Sin embargo, quedan profundamente analizados en su psicología y encarnan a la perfección (quizá por ese minimalismo biográfico) la sensación de soledad absoluta, incomunicación, desarraigo y desamparo. Personajes que cometen los actos más despreciables, sin plantearse ninguna cuestión moral. Es eso, al fin y al cabo, lo que nos impacta. La perversión de un ser humano completamente deshumanizado.

El resultado final es una estremecedora metáfora de la ausencia de moral y conciencia que puede llegar a reinar en la naturaleza humana. Se convierte de esta manera el filme en una crítica árida y cruda a la moral de la sociedad, sin ningún tipo de concesión a la esperanza de confianza en la bondad o razón del hombre. Sin piedad, sin adornos, 13 Tzameti nos muestra lo peor de lo que es capaz el ser humano, en su ansia no tanto de dinero, que también, sino de sensaciones extremas que escapan de la normalidad y que se acercan a la más tenebrosa morbosidad. El mérito está en que todo nos resulta posible y creíble.

¿El hombre es un lobo para el hombre? Bablauni responde afirmativamente a la pregunta con este filme. Puro fatalismo pesimista llevado a la pantalla con maestría.
publicado por Elena Puche el 6 febrero, 2007

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