Me recuerda a esa película de miedo que todos hemos querido filmar, cuando niños, con los amigos del barrio o los hermanos, y que años después hace que te desternilles de la risa, de lo mal hecha que está.

★☆☆☆☆ Pésima

Automaton Transfusion

Pésima producción de zombis que quiere subirse al carro de otras películas de la misma temática pero de verdadera calidad, tales como 28 días después y su secuela 28 semanas después. Pero sin conseguirlo, lógicamente.

Lo cierto es que da hasta pereza perder el tiempo en desmenuzar este churro, porque no hay por donde cogerlo. Si lo hago es porque me gustaría prevenir a posibles espectadores que estén buscando una buena película de miedo. Para empezar esta producción está plagada de errores e incongruencias que, ya desde los primeros minutos, hacen que como espectador que buscas un mínimo de coherencia te cabrees. Por ejemplo, un zombi aparece en el colegio y tras un pequeño susto inicial, todos los estudiantes siguen tan tranquilos, planeando la fiesta del día siguiente.

Otra pifia durante los primeros minutos: después del incidente absurdo del zombi en el instituto, y tras el surrealismo de que ya nadie se acuerda, un joven llega del instituto a su casa, no ve a su madre en el comedor y ya se pone alerta, subiendo aterrorizado por las escaleras (¿Mamá…?). ¡Como si él supiera que se trata de una película de zombis! 

Aparece un chico ensangrentado en la fiesta, y los que están ahí le preguntan ¿Qué tal, todo bien? Y otras incongruencias estrepitosas como que al principio del filme un muerto viviente es derribado de un puñetazo, pero luego tienen una fuerza sobrehumana capaz de partir a una persona en dos.

En cuanto a los diálogos, el más trepidante que existe es éste:
-Debemos regresar al coche.
-No debimos bajarnos.
-Yo no salgo de aquí.
-Bueno, quédate a que te coman.

Para que el producto comercial sea completo, el director intercala sin ton ni son escenas de cama con besuqueos
empalagosos (muacs, muacs). Los efectos especiales más sofisticados son zombis cuyas caras, de forma idéntica, están bañadas en una sangre muuuuuy roja. Además, da pena el ataque de los zombis, mordiendo filetes de carne cruda que Miller debió comprar un día antes en el Carrefour, toda vez se quiere aparentar que aquéllos devoran a un ser vivo.

Las interpretaciones son de esa clase tan lamentable que cuando algún actor quiere hacer ver que va a llorar, el espectador adivina las ganas de aquél de echarse a reír delante de la cámara (sí, lo mismo que hacen los Morancos de Triana). Los tópicos lo inudan todo, siempre capitaneados por algunas frases de manual: Hay que disparales a la cabeza o Hay cientos de ellos. Y por si la película no apestara ya lo suficiente, Miller quiere golpearnos con un sentimentalismo fácil y casposo con frases tan ridículas como ésta:
 -¡No voy a dejar que esos malditos se coman a todos mis conocidos! A la postre, en esta película he experimentado algo que hacía mucho que no sentía. Llega un momento en que te ríes. Si estás con los amigos, mejor que mejor, pues es de esas películas de un pseudoterror tan chabacano que mueve a la sonora carcajada. No puedes aguantarte. Las interpretaciones malísimas, los gritos falsos, los entrecotes del supermercado Condis, los efectos especiales que hacen que uno se ruborice… todo es penosamente delirante. Me recuerda a esa película de miedo que todos hemos querido filmar, cuando niños, con los amigos del barrio o los hermanos, y que años después hace que te desternilles de la risa, sobre todo por las sobreactuaciones hilarantes, las risillas, las pedorretas que uno hacía con el sobaco, detrás de la cámara. O porque aparecía por una puerta tu mejor amigo mal disfrazado de monstruo, y nadie sabía por qué aparecía en aquel momento.  En cuanto al grupo de los héroes que batallan contra los zombis pues, ¡quién iba a ser sino el archiconocido grupito de adolescentes de instituto, con sus ligues, sus piques! Es decir, el recurso más facilón para llenar con un poco más de paja los minutos del metraje, a falta de imaginación. Y eso no es todo, señores. Que aún queda el topicazo final. Como dice uno de los actores, vestido de paramilitar y con un puro a lo Fidel Castro:

 -¡Los zombis no son un puto accidente…! Somos conejillos de indias.

Y extrae de un cajón los informes del gobierno donde queda claro que todo ha sido un experimento del Estado. Así, el director también tiene la jeta de querer apalear nuestra inteligencia con una estúpida crítica social. En definitiva, película sólo recomendable a grupitos de adolescentes que quieran echarse unas risas viendo una de zombis muy mal hecha. En cambio, a los que busquen algo serio y digno, les insultará a la inteligencia.

 

publicado por Francesc Canals Naylor el 23 abril, 2010

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