Merece la pena destacar la brillante partitura de Illarramendi, que trufa el film de una grandiosidad que sin duda merece. Una valiente y profunda semblanza sobre la vida y la muerte, en un difícil contexto histórico, político y social.

★★★☆☆ Buena

Todos estamos invitados

Resulta evidente que Gutiérrez Aragón tiene un estilo propio. Su manera de narrar las historias generalmente es sutil, ambigua, e incluso a veces peca de pedante. Pero su último film es una verdadera maravilla, tocando la problemática del terrorismo en el Euskadi: Josu Jon, un terrorista etarra, sufre un accidente en un control de la Guardia Civil, y a partir de entonces pierde toda la memoria. Paralelamente, un profesor universitario critica duramente a ETA, y se convierte en objetivo de la banda. En ese complejo marasmo, Josu Jon se debate en recuperar la memoria, pero comprobando a la vez que los recuerdos que empiezan a aflorar el algún momento, no le gustan nada…

La ingeniosa metáfora que plantea este guión escrito al alimón entre Gutiérrez Aragón y Ángeles González Sinde tiene la habilidad de hacer dudar al espectador sobre los bandos de esta contienda que se debate en el País Vasco desde hace años, desdibujando la bondad y la maldad de la historia, y desposeyendo con una gran maestría y lirismo el pretendido maniqueísmo que pudieran tener los personajes. Otro de los grandes pilares del film son las excelentes interpretaciones de José Coronado y de Oscar Jaenada -profesor y terrorista amnésico- que con sus particulares físicos logran encajar en sus respectivos personajes, amoldándolos a sus registros gestuales.

Desligado de sus anteriores películas recientes, "Todos estamos invitados" es un reencuentro con el mejor Gutiérrez Aragón, de sus inicios cinematográficos -esos que le convirtieron en un maestro del cine, con títulos como "Demonios en el Jardín" o "La mitad del cielo"- y supone el otro gran acercamiento al problema vasco, junto con "Días Contados" de Imanol Uribe. Merece la pena destacar la brillante partitura de Illarramendi, que trufa el film de una grandiosidad que sin duda merece. Una valiente y profunda semblanza sobre la vida y la muerte, en un difícil contexto histórico, político y social.

Lo mejor: La agudeza a la hora de trazar una metáfora sobre el conflicto vasco y su (posible) resolución.
Lo peor: Lo prosaico de algunas secuencias en las que Coronado se siente vigilado.
publicado por Federico Casado Reina el 15 mayo, 2008

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