Notable interpretación de Samuel L. Jackson, en una película que combina la biopic pujilística con un consistente retrato de sus personajes.

★★★★☆ Muy Buena

El último asalto

El próximo 6 de junio se estrena en nuestras pantallas Resurrecting the champ, traducida por estos lares como El último asalto.

Dirigida por Rod Lurie y protagonizada por Samuel L. Jackson, Josh Hartnett, Teri Hatcher, Kathryn Morris, Rachel Nichols, Alan Alda, Dakota Goyo, David Paymer y Peter Coyote, la película cuenta la historia de un boxeador que, con el paso de los años, se ha convertido en un indigente. Por su camino se cruzará un periodista deportivo de poca monta, en busca del artículo que le catapulte a la fama: encontrará su oportunidad en la figura del campeón que ahora vive en la calle.

Las películas pujilísticas, adopten el cariz que adapten, por norma general han ofrecido una grata sensación al espectador: desde clásicos como Marcado por el odio, Más dura será la caída o Toro salvaje, a títulos más recientes como Rocky, Huracán Carter, Cinderella Man, Ali o Million dollar baby, todas ellas han abarcado el boxeo desde todos los puntos de vista posibles, ya sea a través de la la clásica biopic o sirviéndose de guantes y lona como mero pretexto para abarcar otros temas, pero obteniendo siempre resultados, como mínimo, satisfactorios. Y El último asalto, a pesar de tratarse de un título aparentemenete menor en comparación con los anteriores, sigue su misma estela.

Basada en el artículo publicado por el periodista deportivo J. R. Moehringer el 4 de mayo de 1997 y los posteriores acontecimientos, El último asalto es una película sorprendente emotiva y dotada de una consistente verosimilitud gracias, sin duda alguna, a la maravillosa interpretación de Samuel L. Jackson y a un Josh Harnett que, pese a mantener su apático registro, en esta ocasión logra transmitirnos algo más que mera indiferencia.

A pesar de dicha emotividad, El último asalto evita en casi todo momento la lágrima fácil o las secuencias previsibles, a excepción quizá de un tramo final algo idílico, y se centra, por un lado, en la relación entre el periodista y la leyenda caída en desgracia, repleta de anécdotas y distendidos diálogos, mientras que por el otro realiza especial hincapié en la vida construída a base de mentiras de un Erik Kernan que se siente constantemente comparado con su padre, un reputado cronista deportivo ya fallecido.

Como decía, cabe destacar por encima de todo la notable interpretación de Samuel L. Jackson, quien con su personaje logra transmitirnos los diferentes matices de toda una vida repleta de recuerdos entrañables, divertidos y trágicos pero siempre salpicados por un amargo poso de nostalgia que ni él mismo parece apreciar, en una biografía consistente y apasionada que atrapa al espectador del mismo modo que al periodista que debe redactarla. Por otra parte, la vida personal de Erik Kernan, segundo arco argumental de la película, tampoco desmerece a la historia del Campeón, historia en la que se entrelazan orgullo, afán de superación, familia, mentiras y obsesión y que adopta una importancia capital y un especial signicado en el tramo final de El último asalto por motivos que, obviamente, aquí no voy a desvelar, y donde Josh Harnett encuentra sus carencias interpretativas secundadas por unos diligentes secundarios.

Pero, sin duda alguna, y aparte de la ya mencionada interpretación de Samuel L. Jackson, el principal atractivo de El último asalto radica en el pararelismo progresivamente manifiesto entre ambas historias, las notables similitudes entre las vidas de dos personajes aparentemente opuestos, la cual crea tanto una complicidad como un doble significado a cada una de las secuencias verdaderamente atractivo.

De este modo, El último asalto pasa de ser un título aparentemente menor a una atractiva propuesta que, guste más o guste menos, sin duda dejará una buena sensación el espectador
publicado por Oscar Martínez el 3 abril, 2008

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