Hiperrealismo, si quieren, pero importa poco: importa que es cine puro, cine nuevo, cine hecho para durar en la memoria, aunque luego (templados) sepamos qué hay de engaño, qué de márketing y, sobre todo, cuánto de lo aquí visto es ciertamente nuevo.

★★★☆☆ Buena

Rec

‘[REC]’ parte de una premisa argumental alejada visceralmente de cualquier patrón cinematográfico: no hay ficción, hay una paulatina y adrenalítica inmersión en el terror puro. El miedo puede carecer de argumentos así que la cinta ofrece un mcguffin alargado hasta los últimos cinco minutos (en los que hay una leve explicación de lo que hemos contemplado) y un coherente crescendo de sustos y atropellos visuales filmados con un incontestable sentido del espectáculo, aunque tramposo por cuanto nos sitúa en el verismo de un España directo cualquiera cuando en realidad los realizadores (Plaza y Balagueró) están haciendo cine, y además, no desdeñable.

‘[REC]’ es cine físico, de una corporeidad tan tangible que duele: sus protagonistas no son personajes, aunque ontológicamente lo sean, sino personas y, salvo algún actor que se nota que lo es, todos se alejan (y tiene su mérito) de forzar una dicción o impostar unos gestos. La sensación de estar viendo televisión (y no cine) ocupa casi todo el metraje. Lo que parece un documento televisado hace que sintamos como creíble lo que vemos. El cine nos engaña siempre, y aceptamos el engaño como un pago para la felicidad que nos reporta, pero el esfuerzo de los guionistas (los citados Plaza y Balagueró más Luis Alejandro Berdejo) acerca el vértigo y la cotidianidad hiperrealista de los reality-shows y de los videos a lo youtube a la pantalla grande y revienta la inocencia de quien mira. Somos voyeurs, voyeurs con pedigree, si se quiere, que han pagado una entrada y comen palomitas y beben cola mientras nos ametrallan miseria y vicios, texturas de lo real que a veces parecen ficción y asuntos de la ficción que en ocasiones semejan primores de lo real, que diría Machado.

El formato es aquí el éxito, el acierto: estamos tan acostumbrados a que la televisión nos moldee y posiciona ante la realidad que no consideramos que el cine pueda también hacerlo. Al menos, no tan instantáneamente. El cine nos hace mejores o peores personas, nos da cultura o nos embrutece, nos alista en el ejército de los ciudadanos formados y responsables, sensibles y humanos o nos hace mercenarios de la estulticia, robotizados instrumentos de la mediocridad.

‘[REC]’ tiene el mérito sobresaliente de trasvasar los formatos, de alumbrar cine donde antes había dispersos pedacitos de vida que un avispado montador ha ensamblado a beneficio de la innovación artística. Porque el film es, ante todo, un prodigio de vanguardia pura. El proyecto de las brujas de Blair abrió brecha, pero era una película simplona – en su complejidad – y carente de gancho, por más que la idea (fundacional) fuese notable. Lo que percibes en ‘[REC]’ es cine en estado muy puro, y no sé exactamente qué quiero decir con esto, pero así me he sentido. Hay una especie de rendición ante el pequeño magisterio de sus obradores, que manejan con un impagable respeto el terror, que ha sido pisoteado, ninguneado, frivolizado, instrumentalizado y, por último, deformado hasta la parodia por el reciente cine de masas y que ahora recibe una inyección gratificante de brío y de coherencia.

‘[REC]’ debe ser la cinta de terror del siglo XXI, o al menos una que sirva de referencia para ilustrar los modos de producción al hilo de los tiempos que nos ha tocado vivir. Su rodaje, imagino que nada convencional, da para un making off antológico, pero es que la cinta es en sí un making off de sí mismo, un prodigioso alarde de metacine que pide ser contemplado en un muy estricto contexto. No debe ser lo mismo ver la película en sala grande que en casa. La sala de cine es un lugar maravilloso por muchísimas causas. Una de ellas es la capacidad que posee para transformar al espectador en verdadero espectador. En casa, el cine es casi siempre un extra que se cuela en la relación de actividades domésticas. Yo puedo preparar la cena y luego sentarme en mi pantalla de alta deficinición a ver una película. Hasta puedo pararla y prescindir de todo lo que me ofrece y regresar a lo que hacía. Ir al cine es participar de una especie de comunión invisible con el asombro y con lo ritual. ‘[REC]’ pide a gritos ser vistas con más gente.

De hecho, hay foros en la Red que informan sobre la reacción del público con más detalle y prosa que la opinión sobre la película en sí misma.
El falso documental llevado al extremo de autoproclamarse ficción conlleva más de un engaño. La ausencia de un guión formal y trabajado es excusable porque lo que importa (y cómo) es que este alambique desquiciado de trampillas y pasillos tenebrosos nos entretenga durante hora y media sin que, en ningún momento, deseemos que la alucinación concluya.

El subgénero zombie ha encontrado una llave que va a abrir nuevas puertas: ya hay remake USA, al parecer. Plaza y Balagueró están haciendo mucho por el cine español y están (sobre todo) dignificando un tipo de cine normalmente arrinconado en las estanterías de los videoclubs, capaz de entregar bazofias del tamaño de una órbita planetaria con más facilidad que cualquier otro género, incluído el manoseado melodrama, que es donde más fehacientemente se encuentra el bochorno, la miseria y la falsedad de quienes pretenden hacer Arte y sólo encuentran un rollo de cinta que tienen que impresionar con imágenes.
Lo mejor: El tono.
Lo peor: Que una vez vista no apetece verla de nuevo. Eso sí; Hay que verla, es necesario.
publicado por Emilio Calvo de Mora el 15 diciembre, 2007
también incluída en el especial Sitges 2008

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