Todos sus defectos son mínimos comparados a la sorpresa que ha sido encontrar en esta película uno de los estrenos más disfrutables de la temporada, uno que vale la pena recomendar.

★★★☆☆ Buena

Disturbia

Tal como ocurrió el año anterior con Cuando llama un extraño (2006), los responsables de Disturbia (2007) han creado con su película una actualización en clave teenager de un famoso thriller de antaño. Si bien en ningún momento se menciona explícitamente que esta cinta sea un remake de La ventana indiscreta (1954), la influencia del clásico de Alfred Hitchcock es más que evidente, hasta el punto en el que ciertas escenas puntuales reproducen de forma bastante fiel las peripecias por las que tuvo que pasar James Stewart como consecuencia de estar fisgoneando allí donde no debía. La obsesión del personaje protagonista por exponer ante todos el Mal que se esconde en la figura de su vecino es también una oda a Noche de miedo (1985), y aunque en esta ocasión dicha amenaza no esconde un origen sobrenatural, no por eso dejamos de encontrar guiños más que evidentes a la cinta de Tom Holland, de la que curiosamente casi nadie ha hecho mención a la hora de hablar de película que hoy nos ocupa.

Lo que hace que Disturbia sea, sin embargo, más que una simple bastardización de una gran obra es que ha sabido aprovechar la distancia cronológica que la separa de su predecesora para introducir ciertos elementos nuevos. No es casualidad el hecho de que se nos muestre que su joven protagonista, aislado del mundo por culpa de los seis meses de arresto domiciliario que le han caído encima, haya conseguido alcanzar una ventana al exterior no sólo por medio de los prismáticos, sino también gracias a artilugios tecnológicos propios de nuestra época. Ipods, videocámaras, teléfonos móviles y conexión a Internet están allí (además de como descarados ejemplos de productplacement) como elementos indispensables para el desarrollo y puesta en escena de momentos muy puntuales. Incluso el pequeño localizador sujeto a la pierna del protagonista y que comunica sus movimientos a la policía es usado como catalizador del conflicto. Y es precisamente el empleo de esa tecnología lo que ahonda en la paranoia que poco a poco se va apoderando del personaje; el momento en el que Disturbia reproduce una de las secuencias más angustiosas de La ventana indiscreta encuentra un filón aún más inquietante precisamente gracias a la tecnología y a nuestra obsesión por la imagen.

En el clímax, sin embargo, es cuando la película logra desligarse de sus principales referencias y alcanzar su propio valor. El instante en el que el atrevimiento del protagonista da sus frutos y comienza a escarbar en el horror que ha intuido es, sin duda alguna, lo mejor y más sobresaliente. Es entonces cuando la película abandona prácticamente toda su sutileza adolescente y convierte la apacible superficie de ese extrarradio de clase media/alta en una auténtica pesadilla que se muestra como un juego de cajas chinas, un horror tras otro que se muestra a todo aquel que desee arañar un poco más la glamorosa cubierta de ese idilio burgués. Es entonces cuando entendemos realmente el título y es entonces cuando la cinta toma vuelo y compensa en gran medida sus carencias anteriores.

Estas carencias están latentes, por supuesto, en la superficialidad con la que se tocan algunos aspectos aparentemente importantes de la trama, como es por ejemplo la supuesta desesperación del protagonista producto de estar encerrado y que, en definitiva, es lo que le lleva a obsesionarse con la vida de sus vecinos. Quizá también podamos reprocharle un inicio bastante lento y una excesiva recreación en largos momentos cómicos que parecen estar allí para abultar el tiempo de metraje a hora y media.

Pero todos estos defectos son mínimos comparados a la sorpresa que ha sido encontrar en Disturbia uno de los estrenos más disfrutables de la temporada. Aun en el supuesto caso de que las versiones adolescentes de antiguos clásicos no sean del agrado del que lea esto, sólo por la ingeniosa actualización del vouyerismo imprudente y por ese angusioso clímax, esta es una película que vale la pena recomendar.

publicado por Hombre Lobo el 8 octubre, 2007

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