Un correcto guión y un buen trabajo de dirección hacen que, a pesar de la imperfección, ‘Salvador Puig Antich’ sea una historia llena de drama, de talento y de cine…buen cine.

★★★☆☆ Buena

Salvador

Hacer una película con referencias políticas no es fácil: siempre se corre el riesgo de que buena parte del público (y de la crítica) la rechace, ya sea por tener ideología distinta o por desagrado ante dicho tema. Y si además se trata de una época tan cercana y tan oscura de nuesta historia, más probable es la polémica. Por ello, lo mejor es abstraerse, trabajar según datos objetivos pero sin olvidar el criterio propio, es decir, ‘hacer la película que uno quiere’. Y es esto, para bien o para mal, lo que ocurre en ‘Salvador’.

Salvador Puig Antich fue un joven anarquista, catalán, que vivió (y ‘luchó’) el final de la dictadura franquista. Probablemente sean estas cuatro características sobre su persona lo que marcan el film: su juventud, su lucha contra el poder, la época, la represión franquista y el hecho de ser catalán.

La complejidad de la historia, y de su persona, es notoria. Pero el guión, a pesar de sus altibajos, especialmente al inicio del film, sale finalmente airoso: buen reflejo del anti-catalanismo, así como de la dureza de los cuerpos de seguridad del Estado. Pero lo cierto es que se echa en falta una mayor profundidad en la niñez del protagonista, en el por qué de su anarquismo, pues los flashbacks utilizados, con mayor o menor eficacia (esa música rockera no termina de cuajar), no resultan suficientes.

A pesar de saberse de antemano el final de la historia, el director Manuel Huerga, sabe imprimirle interés, pero sobre todo, emoción. La muerte de Salvador es narrada de forma angustiosa, cruel, real: la espera se hace interminable, y es inevitable sentir cierto desasosiego cuando está a punto de ser ejecutado. El aspecto técnico, la banda sonora y el montaje final, son, aunque sin llegar a desentonar, ciertamente mejorables: quizás el director peca al buscar la ‘lágrima fácil’ en la última parte de la película y se le nota demasiado su ideología y posición ante el periodo histórico en el que nos encontramos.

No obstante, es la actuación de Daniel Brühl lo mejor del film: aunque no sea precisamente demasiado camaleónico, el actor hispano-alemán sabe cómo llevar sus personajes, y esta vez no iba a ser una excepción. Tristán Ulloa y Leonardo Sbaraglia realizan también una buena labor, ambos bien secundados por la familia Puig Antich.

Así pues, un correcto guión y un buen trabajo de dirección hacen que, a pesar de la imperfección, ‘Salvador Puig Antich’ sea una historia llena de drama, de talento y de cine…buen cine.
Lo mejor: Las actuaciones.
Lo peor: La sensación de que hay algo que falta (o sobra)
publicado por Alberto Concepción el 18 septiembre, 2006

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