Aquí se oye, de principio a fin, el rechinar de lo previsible, manido, refrito, tópico, esquemático, plúmbeo. Una historia muy simple contada con unos recursos también muy simples.

★☆☆☆☆ Pésima

Un buen año

La verdad es que resulta irritante – pero que muuuuuuuuuuuuuuuuy irritante – pasar dos horas viendo un producto tan inofensivo como éste. Y digo inofensivo porque implícita y explícitamente pretende reivindicar ciertas cosas y quiere comunicar un mensaje bienintencionado, y ahí pongo el stop por lo manierista del asunto. Menudo tufo. O menudo montón de mierda, en caso que yo escribiese con navajas en los dedos en vez del calmado golpeteo con el que me dispongo a comentar la último película de Ridley Scott ( creo que es el mismo que hizo la increible “Alien“, la muy interesante “Los Duelistas” o el clásico “Blade Runner“, pero ya no estoy seguro de nada). Dejemos las obviedades y pasemos a otra cosa, mariposa, que mira que tiene leches el asunto.

Historia sobre un banquero materialista (hombre, claro). Historia sobre un niño cuatro-ojos con aires de gilipollas integral (porque lo estan educando en las sagradas reglas de la competitividad, no le echemos toda la culpa y dejemos un margen para su prístina inocencia) que llega a adulto y se convierte en un gilipollas integral consolidado (no lo digo con mala fe, simplifico un poco las cosas para ir más rapidito). Pasan unos cuartos de hora, le ocurren unas cuantas cosas graciosillas, liga un poquito, se lleva alguna reprimenda, revive su infancia, tiene un momento de duda, se acaba la película y el gilipollas integral sigue siendo gilipollas integral pero no tanto. Se sale un poco del redil con riesgo a quedarse fuera para siempre (porque la tía buena que le ha pescado no da para menos, vaya) y vemos a la otra chavala tomando un baño de uvas.

A veces, en cine es posible hacer una buena película con un guión o un esquema de ideas que se resume en tres frases, pero aquí se oye, de principio a fin, el rechinar de lo previsible, manido, refrito, tópico, esquemático, plúmbeo. Una historia muy simple contada con unos recursos también muy simples. Tenemos a un personaje que va de un punto A a un punto B, pero, aparte de que el espectador ya conoce el final (porque es una historia que nos la han contado millones de veces), el personaje no recorre el camino por su cuenta, sino que queda atrapado en su previsible cliché. No hay progresión, no existe la mas mínima capacidad de hacer creíble que el personaje interpretado por Rusell Crowe puede elegir la otra opción. Porque es un personaje, como ya he dicho, sin vida, sin esa dimensión de lo humano real. Ello no tiene su causa tanto en un mal guión, sino en la misma idea de la que parte: manierista, panfletaria y previsible. Y si a nivel de guión tampoco es para tirar cohetes, pues no hay por donde cogerla.

¿Hay sutilidad?. No. ¿Hay fuerza dramática en la “transición” del personaje central?. No (o no mucha). ¿Es una comedia costumbrista con aire “retro” cual ejercicio aperspectivista desde un patrón de realismo cristalino y fluido?. No. (Me oigo carcajear)

La fotografía, la puesta en escena, la música, ofrecen algún momento disfrutable (y los culitos que salen…brrrrrrrrwww). Habrá quien querrá salvarla atendiendo a esos aspectos técnicos( y testosterónicos), como han hecho con el truño futurista de Alfonso Cuarón, pero donde no hay, no hay.

Es triste que hasta los grandes cineastas esten cayendo en la misma basura. O será que tenían razón los que , ya desde hace bastante tiempo, dicen que Ridley Scott es y siempre ha sido un bluf. Qué ganas tengo de revisar Blade Runner…
publicado por José A. Peig el 6 noviembre, 2006

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