Opinión · Nº 82964 · 02-05-2026
Crítica de

El capitan blood

A partir de «El capitán Blood» ya nada fue igual en la Warner Brothers.
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Si Robert Louis Stevenson con su novela “La Isla del Tesoro” estableció los elementos comunes de cualquier historia de piratas que se precie, no fue hasta el estreno de «El capitán Blood» cuando realmente explotó la moda de hacer películas sonoras de aventuras con los filibusteros, corsarios y bucaneros como tema principal.

Todo era barato y todo era nuevo en «El capitán Blood», incluido el guión de Casey Robinson que tomaba el camino directo hacia la acción saltándose algunos capítulos de la novela: Peter Blood (Errol Flynn), acusado de traición, es recluido en Jamaica, una colonia inglesa donde gobierna de facto un sanguinario militar que, sin embargo, tiene una sobrina encantadora: Arabella (Olivia de Havilland). Blood logra escapar y asola los mares ejerciendo de pirata hasta que se las tiene que ver con un colega que ha raptado a Arabella…

«El capitán Blood» supuso el comienzo de toda una serie de éxitos para la Warner Brothers, pero también fue el filme que lanzó al estrellato a un desconocido actor australiano llamado Errol Flynn; a su pareja en ocho ocasiones más, Olivia de Havilland; a un excelente músico que debutaba —y se llevó la nominación al Óscar—, Erich Wolfgang Korngold; y al director que junto a Raoul Walsh, fue el que más veces rodó con Flynn: Michael Curtiz.

Los pocos medios con los que contó Curtiz en «El capitán Blood» no le impidieron realizar una película espectacular. La batalla final es una brillante sucesión de imágenes de un vigor narrativo pocas veces visto gracias al ritmo del montaje, a la excelente música de Korngold y a la visión personal del gran director. La mano de Curtiz no sólo se nota en la viveza de las secuencias de acción y en las sutiles transiciones, sino también en la técnica de claroscuros que compensa la falta de decorados.

Las sombras del primer tercio de la película en espacios vacíos como los del tribunal son de una modernidad casi abstracta que sorprende hoy en día. También lo son los reflejos de la mar en los rostros de los personajes en los planos más emotivos. Son técnicas expresionistas, heredadas de su paso por el cine germano que usaría cada vez con mayor habilidad hasta llegar a la cima en «Casablanca» (1943).

El hallazgo de Errol Flynn —como el de Olivia de Havilland, otra desconocida— también supuso todo un acontecimiento. De forma inesperada, su presencia llenó el vacío que había dejado Douglas Fairbanks desde que el cine comenzó a hablar.

La historia ideada por Sabatini tuvo varias versiones y dos secuelas, una con el hijo de Errol Flynn como protagonista y otra más interesante con Louis Hayward en el papel del célebre pirata: «Bandera negra» (Captain Pirate, Ralph Murphy, 1952). Todas muy por debajo de la cinta de Curtiz que estuvo a punto de dar la campanada en los Óscar cuando se llevó nada menos que cinco nominaciones. El éxito fue tan sonado que a partir de «El capitán Blood» ya nada fue igual en la Warner Brothers.

Lo mejor
La batalla final.
Lo peor
Nada que reseñar.

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