Opinión · Nº 83012 · 02-05-2026
Crítica de

Mia Madre

Moretti juega con doble mano, la de la realizadora (es decir, él mismo) y la suya como actor.
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Alguien definía la figura del director de cine, y su cometido a lo largo de una jornada de trabajo, y lo resumía como aquel que se dedica a responder preguntas. En La Noche Americana (La nuit américaine, 1973), Francoise Truffaut hacía una aproximación exacta a la labor del realizador para mezclar ficción y realidad en una cinta imprescindible; con Mia madre, Nanni Moretti sigue la misma estructura —nada nuevo en su estilo que cabalga a lomos del documental—, pero le da una visión muy particular al tema. Digamos que se revuelve contra sí mismo y deforma la trama hasta volverla desencantada y pesimista; hasta llegar a decir que trabajar en el cine es lo peor a lo que uno se puede dedicar.

Pero Moretti hace trampa. Como suele ser habitual en él, el director también participa como actor, pero en esta ocasión deja el protagonismo, su alter ego, en otra persona, en la excelente Margherita Buy. En la actriz recae todo el peso del discurso de Moretti, como si fuera una marioneta en manos del realizador. Ella interpreta a una directora que también se llama Margherita, y que además de pasar por las dificultades propias de un rodaje, acaba de separarse de su pareja, se ha dado cuenta de que su hija adolescente se entiende mejor con su ex y, para colmo, su madre se está muriendo. Para enredarlo todo aún más, la estrella extranjera contratada por la realizadora es un actor (John Turturro) que se comporta de forma extravagante y hace que el rodaje sea aún más caótico.

La maniobra intencionada de Moretti lejos de ocultarla al público, se permite anunciarla cuando la protagonista sostiene que los actores deberían desdoblarse a la hora de interpretar su papel. Algo así como que cada personaje debería tener en todo momento al lado de él al actor que le da vida. Es lo que hace Moretti en la película con respecto a Margherita. Es el hermano de la directora en la ficción, el que se mantiene a su lado para aconsejarla, consolarla y para compartir los momentos duros. Como un ángel que vela por el personaje (hay una secuencia muy explícita en este sentido: un sueño en el que la directora y su hermano aguardan en la cola de un cine para ver El cielo sobre Berlín; el que haya visto la célebre película de Wim Wenders me entenderá). En Mia madre, Moretti juega con doble mano, la de la realizadora (es decir, él mismo) y la suya como actor. Un juego original e interesantísimo que gustará a los fans del cineasta pues es otra vuelta de tuerca más a su ya larga filmografía.

El filme es, por tanto, una delicia en su estructura, en su intención y en la realización. Un drama que no pierde el sentido del humor gracias a las escenas donde John Tuturro se hace con las riendas. Un personaje que, no obstante, tampoco se salva del halo de amargura que preside a la película. Turturro interpreta a un actor en decadencia que también se encuentra harto de su profesión y que pide a gritos, literalmente, volver a la realidad. De nuevo otro personaje que pronuncia las frases que Moretti no se atreve a decir por sí mismo; o mejor dicho que sí se atreve siempre y cuando lo haga utilizando el medio que domina como nadie: el cine.

Lo mejor
Margherita Buy
Lo peor
Nada que reseñar.

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