El Torture porn es un subgénero bizarro, oscuro, perteneciente al underground, que sirve para satisfacer la necesidad de algunas personas de consumir ultraviolencia, ultragore, sin más deleite que el de un onanismo mórbido.

★☆☆☆☆ Pésima

Gurotesuku

Lo siento en el alma, pero tarde o temprano alguien tenía que lanzarse.

Alguien tenía que incluir una crítica sobre esta película a la que cuesta ponerle calificativos. ¿Horrenda? ¿Insoportable? Sí, tal vez son los que me vienen a la pluma. Vale la pena detenerse para intentar aclarar algo tan aparentemente sencillo como el porqué de Gurotesuku. Es decir, ¿por qué fue creada? ¿De dónde viene? ¿A quién va dirgida?

Las dos primeras preguntas son extrañas. No solemos formularlas al hablar de una película, pero cuando nos encontramos ante una obra donde hay una obsesión por mostrarnos cómo se degrada, tortura, mutila y asesina a alguien, cabe preguntarse por qué y de dónde surge este argumento malsano. Argumento, por otro lado, plano: Una joven pareja que acaba de tener su primera cita es secuestrada por un doctor sádico. Durante los setenta minutos que dura el metraje, éste mad doctor se dedica a torturar hasta la muerte a los dos enamorados. Eso es todo.

Si tuviéramos que encontrar los antecedentes de este engendro deberíamos retroceder hasta cintas como Holocausto Caníbal (y su secuela Caníbal Feroz), que incluía maltrato animal real; La matanza de Texas, historia de una pintoresca familia de sádicos asesinos; La última casa a la izquierda, asesinato en vivo de dos adolescentes y la posterior venganza de los padres; y algunas obras menos conocidas. Todas ellas de los años 70 y 80, iniciando (o potenciando) algunos subgéneros del terror como el gore, el splatsick (cuyo exponente es Sam Raimi o el Peter Jackson de la época Bad Taste), el slasher, etc. Todas estas producciones podrían englobarse dentro del movimiento Exploitation, que se caracteriza por explotar de forma insana y sensacionalista la temática que tratan, por ejemplo la violencia o el sexo.

Posteriormente, aparecen en cartelera producciones como Hostel, historia sobre un club de la tortura; Old boy; Ichi the Killer; la francesa Irreversible, etc. Son las que, a partir del año 2000, siguen orbitando en la odisea Exploitation (aunque el término ya ha dejado de acuñarse) con bastante éxito.

Sin embargo, el verdadero filón del que se nutre Gurotesuku está en dos producciones. Una: Los hombres detrás del sol (1988), que muestra experimentación sádica i pseudoclínica de los japoneses sobre los prisioneros chinos durante la Segunda Guerra Mundial. Dos: la horripilante Guinea Pig. De hecho, esta última no es una obra sola, sino una serie de películas rodadas en los años 80. Básicamente, consisten en torturar a alguien para saber cuánto dolor puede soportar el ser humano antes de morir. Los efectos especiales son tan extremadamente detallados que su director tuvo que demostrar al FBI que se trataba, efectivamente, de una obra de ficción. Estas dos producciones traspasan la frontera de lo que, hasta el momento, era violencia gráficamente explícita pero ¡dotada de argumento! para centrarse exclusivamente en el acto del dolor más extremo, sin argumento. Es desnudar a la película de todo aquello que pudiera distraernos de lo importante. Y lo importante es la agonía, el insoportable tormento de una persona.  

Este despojar a la película de todo elemento que pueda apartarnos del suplicio es lo que distancia este tipo de producciones de aquellas otras más light, tales como Hostel, que sí otorgan a sus obras una banda sonora, argumento, etc. Asimismo, este acto de captar el dolor, la mutilación, la muerte, con primeros y detallados planos, paso por paso, es lo que algunos críticos han bautizado con el nombre de Torture Porn. Es una pornografía de la tortura, de igual modo como el género porno capta sus imágenes crudamente, sin censura, al detalle, repudiando así el puritanismo del género erótico. Además, hay que añadir que también se denomina Torture porn porque en muchas de estas producciones se incluye toda suerte de actos sexuales insanos, sucios, escatológicos y, en fin, bizarros.

Esta comunión entre GORe y porNO, también ha propiciado que algunos críticos hablemos de películas gorno. Y ya para rizar el rizo, el vocablo Gorno está construido buscando la semblanza con la palabra Gonzo, que significa el conjunto de películas pornográficas que muestran a los actores copulando sin necesidad de explicar por qué están copulando. En otras palabras, la supresión del argumento. Visto así, si lo traspasamos a la película Gurotesuku, diremos que se trata de una película Gorno (o Torture porn) porque muestra a personas torturando a otras sin necesidad de explicar por qué se llevan a cabo esas mismas torturas.

(Alguno de mis colegas de oficio ha incluido la gran película Martyrs en la clasificación de Torture porn. Discrepo rotundamente, pues Martyrs no es una obra sin argumento, ni atestada de primerísimos planos de mutilaciones, ni infestada de un pútrido sexo desviado. Sólo aclarar eso.)

Para acabar de comprender la génesis de obras como Gurotesuku, no basta con buscar antecedentes americanos o europeos. Y es que la industria pornográfica del propio Japón se ha encargado de espolear enormemente la imaginación de algunas mentes tórridas como la de Koji Shiraishi. Si uno contempla el panorama del porno nipón se puede encontrar con depravaciones de lo más curiosas y variopintas, muchas de ellas preocupantemente emparentadas con el sufrimiento ajeno y fetichismos basados en la humillación y la incomodidad (verbigracia el Bukkake).

Sea como sea, el Torture porn es un subgénero bizarro, oscuro, perteneciente al underground, que sirve para satisfacer la necesidad de algunas personas de consumir ultraviolencia, ultragore, sin más deleite que un onanismo mórbido. Y a quien quiere ver una simple tortura (snuff movie) le sobra el argumento, la música, los diálogos, incluso el guión. El gorno, el torture porn, se caracterizan por ese estado primitivo que apela a nuestra más arraigada idea del horror, sin tener que pasar por el filtro especulativo de la razón. Son películas que saltan directas al cuello, a los sentidos. No les interesa la razón. ¿Esto es arte? Puede que sí o puede que no. Pero es innegable que tiene su público.

En mi opinión, Gurotesuku no es una buena película, pero el problema es que no creo que deba llamarse película. No creo que sea arte. Por ello no tiene sentido tacharla de pésima, ni de mediocre, ni de buena. No es arte, sencillamente. Ha sido censurada en algunos países precisamente por considerar que esa cosa jamás podría llamarse Cine. En todo caso, es algo de muy mal gusto.

Estoy con J. Whedon: "Es parte de un ciclo de violencia y misoginia que arrebata algo a la gente que lo ha visto".

Lo mejor: Nada.
Lo peor: Absolutamente todo.
publicado por Francesc Canals Naylor el 20 abril, 2010

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