Líbranos del mal

Rouco Varela es ese señor con sotana que en pleno siglo XXI no quiere olvidarse ya de falsos ídolos y dejar la extorsión para los Corleone.

Tras dos años de espera por fin se estrena, quiera o no la Conferencia Episcopal Española, uno de los documentales que más nos hablan del horror humano.

Deliver Us from Evil (Líbranos del mal) es una mosca cojonera que no deja indiferente al espectador, un arma muy peligrosa que pone en jaque la apariencia bondadosa de la institución que más daño ha hecho al hombre a lo largo de su historia.

La Iglesia debe morir porque, como decía Nietsche, Dios ha muerto; pero se empeña en seguir velando al difunto sin querer bajarse del burro para seguir sacando las perras de los feligreses más bobos. Digámoslo de una vez, la Iglesia se refugia en la incultura, en la pobreza, en la analfabetización de la plebe, por eso Deliver Us from Evil es tan amenazador, porque desendiosa al sacerdote, lo humaniza, lo hace de carne y hueso, tan falso, tan pervertido y tan cruel como cualquier otro ser humano. Muerto el perro se acabó la rabia.

La sensación de este documental es conseguir que el pederasta hable y ahí es donde nos toca la fibra más sensible, escuchar y ver al monstruo reconocer que no le ponen las mujeres ni tampoco los hombres… “pero que un niño en ropa interior… mmm… ¡eso ya es otra cosa!” indigna y corroe el alma. Sólo por ese momento Deliver us from evil merece la calificación de obra maestra (aunque esté un peldaño por debajo de otros dos documentales sublimes que son aún más hábiles en deshumanizar dignamente al hombre: Capturing the Friedmans de Andrew Jarecki y El asesino de Pedralbes, absoluta maravilla del español Gonzalo Herralde)

Sin embargo por encima de la crítica al enfermo mental en Deliver Us from Evil aplasta la crítica de la corrupción, del silenciamiento de la cúpula católica para poder seguir chupando del bote vaticano. Son estos, los altos cargos – los elegidos como representantes de Dios en la Tierra – más culpables, más monstruos que el propio monstruo; porque incapaces de expulsar al enfermo, de tratarle, de ayudarle, acallan el escándalo y simplemente trasladan al padre Oliver O’Grady de parroquia en parroquia – como si de un endiablado juego “de oca a oca pederasta porque te toca” se tratara – dando nueva carnaza al violador de niños para poder ellos seguir acumulando poder en sus impolutas diócesis.

Que baje Dios y lo vea. Bendita hipocresía: A dios rezando y con el mazo dando.
publicado por Francisco Menchón el 7 octubre, 2008

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