Difícilmente existan muchas películas sobre este tema, más complejas y aterradoras que este excelente documental. Una de las mejores y más contundentes radiografías sobre un tema candente.

★★★★★ Excelente

Líbranos del mal

Se han realizado innumerables documentales y películas de ficción sobre el abuso de menores, particularmente de casos perpetrados por miembros de la Iglesia. Sin embargo, pese a la convencionalidad de la propuesta visual de Líbranos del mal, difícilmente existan muchas películas sobre este tema, más complejas y aterradoras que este excelente documental. Líbranos del mal puede dividirse temáticamente en dos partes entremezcladas, una correspondiente al caso concreto del padre O’Grady, y otra que analiza el papel de la Iglesia católica con respecto a los abusos cometidos dentro de la institución. Dos elementos hacen trascender este documental, por un lado la terrorífica presencia de O’Grady en la película, y por otro, las apabullantes cifras que la Iglesia no puede ocultar. Amy Berg nos acerca los testimonios de víctimas del perverso sacerdote, pero posee a su vez algo pocas veces visto, el estupendo retrato del abusador.

O’Grady, famoso por dejar un tendal de víctimas en cada pueblo donde oficiaba, desde comienzos de los setenta hasta, por lo menos, mitad de los ochenta, decide prestar su testimonio para este documental, y Berg lo convierte en protagonista casi absoluto, comenzando desde un acercamiento que tarda en descubrir su figura, hasta desnudar todo su cinismo, y dejarnos azorados con su “cara de bueno” y su terrible y descarnada sinceridad a la hora de confesar sus crímenes y pecados. Más interesante aún es que este retrato no parece agotarse, y que cada uno de sus movimientos, cada palabra en su testimonio, despierta más y más horror, hasta llegar a su intento frustrado de reunir a todas sus víctimas para pedirles perdón y “permitirles que sigan sus vidas”, según sus propias palabras, cargadas de soberbia. Oliver O’Grady no solo se muestra absolutamente consciente de las atrocidades que ha perpetrado, sino que, pese a esto, parece desconocer por completo la dimensión de los efectos y traumas que su accionar ha causado en sus víctimas. Sólo su polémico testimonio bastaría para una gran película. Sin embargo, Amy Berg va más allá de su figura, y se adentra en las vidas de algunas de sus víctimas y sus respectivas familias, mientras contrasta estos testimonios con las declaraciones judiciales de O’Brady y algunos obispos y cardenales como el cardenal Roger Mahony, que desde sus rol avaló el accionar criminal de más de 550 sacerdotes que se encontraban bajo su jurisdicción. Más allá de O’Grady y sus abusos, Amy Berg revela el entramado de complicidades de la Iglesia, que llega hasta el propio Papa Benedicto XVI quien, mucho antes de ser elegido como el sucesor de Juan Pablo II, y en su cargo de Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, decidió mirar para un costado y no tomar acciones frente a la enorme cantidad de abusos perpetrados por sacerdotes en Estados Unidos. La película incluye testimonios relevantes, como el del padre Tom Doyle, quien decide enfrentar a toda la Iglesia en su constante denuncia de abusos, y declaraciones que causan estupor, como aquel pronunciado por una de las víctimas, que afirma que uno de los obispos consideraba el abuso de sacerdotes a niñas como algo normal o fruto de la curiosidad, mientras que el abuso a niños podían considerarlo como una atrocidad por revelar una inclinación homosexual. Líbranos del mal muestra, sin sutilezas ni golpes bajos, una extensa cadena de horrores, que llegan a momentos de hondo dramatismo, cuando el padre de Ann Marie Jyono, una de las víctimas, cuenta cómo se enteró, años después, de la verdad que ocultaba su hija, y declama a viva voz que fue traicionado por la Iglesia, y que el hombre en quien más confiaba violó a su hija. Si este momento es conmovedor, lo siguiente, el viaje de Ann Marie y sus padres al Vaticano para entregarle al Papa una carta, es terriblemente desolador, al resumir el silencio del Vaticano frente al reclamo de las víctimas. Todo esto forma parte de este sólido documental, resultado de una exhaustiva investigación, hasta conformar una de las mejores y más contundentes radiografías sobre un tema candente, que no parece arribar a una acción concreta del Vaticano para frenar este accionar, que acumula casos en todos los países en los que la Iglesia Católica posee su cuota de poder e impunidad.

publicado por Leo A.Senderovsky el 22 agosto, 2008

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