Baiz dirige correctamente, pero se equivoca en su dispar construcción de personajes, que al intentar aunarlos bajo una única idea y tono, deja a los tres protagonistas a kilómetros de lo que podrían haber sido.

★★☆☆☆ Mediocre

Satanás

Satanás es una adaptación de la novela homónima de Mario Mendoza, que parte a su vez de un hecho real acontecido a fines de 1986 en un restaurante de Bogotá, una masacre perpetrada por un veterano de Vietnam, quien antes de cometer ese crimen, arrastraba varios homicidios cometidos ese mismo día, entre ellos el de su madre. La novela de Mendoza, fiel a su título, analiza la cercanía del mal no solo en este personaje, sino también en personajes paralelos que terminarán encontrándose en ese espacio final. Andrés Baiz, en su ópera prima, intenta seguir la línea de la novela, pero lejos de esto, rodea a los personajes de un halo que poco tiene que ver con “el mal” como ente simbólico. Baiz sigue por caminos paralelos, como el pecado (en el caso del cura), la redención (idea que se percibe en la venganza de la joven violada), o la soledad y la incomprensión (dos fantasmas que persiguen a Eliseo).

El mal aparece en la mujer que mata a sus hijos por no tener dinero para alimentarlos, o en la joven que droga a sus conquistas para robarles (hasta terminar volviéndose víctima), o en el progresivo aislamiento de Eliseo, pero corre como una idea adyacente al verdadero cuerpo de cada historia. De ese modo, en la película, tanto la historia del sacerdote como la de la chica carecen por completo de la notoriedad que adquiere la figura de Eliseo, quien va adquiriendo, como Travis Bickle en Taxi driver, la idea del mal en la figura de una supuesta salvación, aunque esta incorporación avanza muy torpemente a lo largo del film. Lo que sí une a estas tres historias, es un tono terrible y abrumadoramente grave, que se extiende sobre los personajes, ahogándolos constantemente en el océano del golpe bajo. Si los personajes no pueden respirar, no pueden salir a flote de su miserable mundo (salvo por el padre Ernesto, quien intenta cambiar a una vida en pareja, o las esporádicas escenas de amor de Paola con uno de sus cómplices, dos momentos nimios y débiles en comparación con el resto), difícilmente puedan despegarse de esa idea del mal que culminará reuniéndolos.

Baiz dirige correctamente, pero se equivoca en su dispar construcción de personajes, que al intentar aunarlos bajo una única idea y tono, deja a los tres protagonistas a kilómetros de lo que podrían haber sido, especialmente en el complejo caso del solitario e impiadoso Campo Elías Delgado, rebautizado Eliseo para la ocasión, personaje que daba para una película centrada unicamente en su figura y su terrible transformación.

publicado por Leo A.Senderovsky el 6 julio, 2008

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