En una época donde parecería que el cine solo apuesta a la renovación con el 3D, Hayao Miyazaki nos trae la historia de Ponyo en acuarela y pastel. Un cuento maravilloso, como sólo él sabe contarnos, donde el cuento clásico de la sirenita puede verse

★★★★☆ Muy Buena

Ponyo en el acantilado

En una época donde parecería que el cine solo apuesta a la renovación con el 3D, Hayao Miyazaki nos trae la historia de Ponyo en acuarela y pastel. Un cuento maravilloso, como sólo él sabe contarnos, donde el cuento clásico de la sirenita puede verse en la base pero con la mirada siempre dulce, atenta y, esta vez, simple de este gran realizador.
Sosuke, un niño de apenas 5 años ( y a quien Miyazaki ha dado vida basandose en su propio hijo cuando tenía esa edad, dicen), vive con su madre en una bellísima casa en un acantilado. Un día en que se disponía a navegar su pequeño barco de juguete encuentra un pececillo medio muerto de quien se encariñará y bautizará como Ponyo en relación a su aparente carácter mágico que el niño ya puede testimoniar tras la curación de un dedo lastimado. Dicen que durante la filmación Hayao no paraba de escuchar "La Valquiria" de Richard Wagner lo cual nos explicaría un poco el verdadero nombre del personaje: Brunilda, hermana mayor de las valquirias en la ópera.
Si bien el film es un verdadero continente de símbolos y virtudes que no sólo engrandecen al clásico cuento, su estilo es netamente mucho más infantil que sus otras producciones. Un verdadero relato inocente, mágico y que contiene ingredientes ,diría ,que hasta didácticos en lo que se refiere al agua como fuente de vida, el equilibrio de la naturaleza y el amor como sacrificio. Amar a los hijos en este caso, es dejarlos libres, confiar, verlos partir pero felices.
Visualmente es indudable las pautas poéticas con las que siempre nos seduce Miyazaki, no obstante diría que esta vez la simpatía de Ponyo, su ingenuidad, su bondad así como la grandeza, valentía y casi madurez de Sosuke hacen el todo magnífico de un film pausado y, repito, sencillo en comparación, por ejemplo, a El increíble castillo vagabundo, film del que todavía siento especial predilección entre todas las de este realizador. Sin duda, viendo las reacciones de los pocos niños de la sala a la que fui con mi familia (incluídas las de mi hija) este film es garantía de emoción y fascinación para el público infantil que esta vez se sentirá más cercano al estilo narrativo, sobretodo los más pequeños. Los más creciditos, entre los que me incluyo, quizá pecamos de la comparación siempre presente con otras obras.
La banda de sonido, de Joe Hisaishi, es también de destacar. Un magnífico embeleso que deja marca en cada escena y acompaña inmejorablemente esta historia cautivadora, mágica y entretenida.
Lo mejor: La sencillez y dulzura de la narrativa.
Lo peor: Quizá más infantil que otras producciones de este director para los más creciditos.
publicado por Pabela Lake el 2 agosto, 2009

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