Una obra maestra hecha con lápices de colores.

★★★★★ Excelente

Ponyo en el acantilado

Me resulta tremendamente difícil comentar esta película, y es que respeto (y venero) tanto al maestro Hayao Miyazaki (y al Studio Ghibli, que fundó junto con Isao Takahata) que hasta ahora lo más parecido a una crítica-reseña que había hecho de uno de sus trabajos fue con su penúltimo film estrenado en España, El castillo ambulante. Por alguna extraña razón, hasta hoy no me había puesto en "serio" a escribir sobre sus películas, y eso que todas las que se han editado en DVD en nuestro país las he visto y revisto. Creo que comenzar por Ponyo en el acantilado es un buen inicio, ya que el genio nipón ha vuelto a la sencillez de Mi vecino Totoro, aunque superándola en exquisitez visual.

La historia de Ponyo en el acantilado es bien sencilla, y seguro que os sonará de algo. Narra la historia de Sosuke, un niño de cinco años que vive junto al mar. Un día salva a un extraño pececillo (bueno, "pececilla" en realidad ^^) rojo de una muerte segura y lo toma como mascota. Sosuke no tarda en darse cuenta que está ante un animal especial, con el que al final establece un lazo afectivo tal que Ponyo (ese es el nombre que le da al pez) desea convertirse en humana.

Por si todavía no os habéis dado cuenta, efectivamente, se parece al famoso cuento de Hans Christian Andersen que ya llevó la Disney a la gran pantalla en 1989. Pero Miyazaki no adapta nada, simplemente se inspira en dicho cuento para crear una historia desbordante de imaginación, entrañable y enternecedora, que irradia fantasía y frescura por los cuatro costados, por cada uno de sus fotogramas. Nada más comenzar el filme nos obsequia con una bellísima y colorida escena, donde vemos decenas de medusas y criaturas marinas moviéndose al son de las olas, desde dicho momento uno es más que consciente del tono que va a tener todo el metraje, pero sobre todo uno se asombra de la calidad técnica a pesar de que está realizada totalmente a mano, sin usar para nada el ordenador, dando al conjunto un aspecto muy peculiar en estos tiempos que corren de tanta película animada por ordenador.

Estamos pues, como ya dije al principio, a una vuelta al cine más infantil de Miyazaki, pero no obstante, es inevitable no quedarse maravillado y embobado al ver pasar los acontecimientos, al contemplar escenas de una belleza narrativa y plástica tales que uno no deja de preguntarse cómo demonios puede tener este hombre a sus 68 años esta imaginación tan desbordante, repleta de pequeños de matices que son imposibles captar en un primer visionado (los filmes de Hayao Miyazaki siempre ganan enteros con posteriores visionados).

La animación simplemente es apabullante, y es que realizar todos los dibujos a mano ( hicieron más de ciento setenta mil -sí, 170.000-), poner tantos elementos y/o criaturas, barcos, en movimiento, etc. Animar las olas a mano, por ejemplo, o poner siempre en segundo o incluso tercer plano objetos animados me parece algo increíble para la época tan tecnificada que nos ha tocado vivir. Y es que renunciar al ordenador no sólo supone un mayor esfuerzo y también mayores costos, sino más riesgos a la hora de que una obra funcione en taquilla (que, por cierto, en Japón arrasó, recaudando más de dieciséis mil millones de yenes).

Para el personaje principal, Sosuke, Hayao Miyazaki se inspiró en su hijo (Goro Miyazaki) cuando era infante, el cual también ha dirigido un film para Ghibli y está trabajando en la actualidad en otro proyecto; debido en buena medida a unas palabras que escribió este último en su blog cuando trabajaba en Cuentos de Terramar ("un diez como cineasta, un cero como padre", venían a ser en resumidas cuentas dichas palabras). Por lo que además nos encontramos ante uno de los proyectos más personales del director.

En resumidas cuentas. Una historia sencilla (que no simple) pero hermosísima, unos personajes adorables, una animación exquisita, momentos en los que es completamente imposible no quedarse embelesado ante la explosión de fantasía y colorido que se producen. Estamos ante otra obra maestra del maestro de los animadores, del que muchos dicen que es el "Disney japonés". Pero que queréis que os diga, yo creo que dicha comparación no le hace justicia a Hayao Miyazaki, su talento (y sensibilidad) supera con creces a la del fenecido Walt Disney.
Lo mejor: -La escena de introducción. Simplemente maravillosa, y un sólo ejemplo de lo que nos espera. -La animación, el colorido, los personas tan entrañables que pululan a lo largo del metraje. -La banda sonora. Ya hace tiempo que la tengo y no me parecía muy destacable este trabajo de Joe Hisaishi, pero ahora que la he escuchado en el film me ha parecido que no podía haber tenido otra mejor.
Lo peor: -Los prejuicios de la mayoría de la gente hacia el cine animado, que se niegan a verlo a no ser que sea de DreamWorks o Pixar.
publicado por Raul Neovallense el 25 abril, 2009

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