Siendo un relato trillado, con actores inexpresivos y situaciones mal planificadas, la cinta puede resultar hasta entretenida

★★☆☆☆ Mediocre

Cuando empieza la película uno ya tiene ligeras sospechas acerca de por donde pueden ir los tiros. Por medio de esta introducción, banal por lo insustancial, queda eso si patente el tono de lo que se nos viene encima, un nuevo ejemplo de largometraje facilón encuadrado en el género de terror adolescente.

Pocos se atreven a introducir cambios cuando consideran que una fórmula funciona: cambias el escenario, sustituyes a un personaje por otro, pero dejas la atmósfera inquietante y los sustos, gritos y carreras por culpa de un psicópata con instintos criminales.

Aquí no hay una gasolinera en medio de un páramo inhóspito ni un colegio mayor, sino una lujosa mansión perdida en las montañas; frente al grupo de jóvenes con caracteres tipo (pijos, estirados, deportistas, intelectuales…) se impone una joven con arrojo y determinación –falta le hace para sustentar la película- que debe salvar la vida de los niños a los que cuida. En definitiva, son los mismos patrones, usados hasta la saciedad pero, amén de los productores, luego dan resultado en taquilla. Todo tiene su explicación y la que justifica el interés de Hollywood está en los jóvenes ávidos de relatos de suspense acompañados de un buen paquete de palomitas y el novio o la novia bien cerquita.

Un título de terror nipón también se bastaba del teléfono, en este caso móvil, para anunciar la muerte de sus protagonistas. Llamada perdida, que así se llama el referente, juega con los mismos elementos pero se reserva la carta de la sorpresa, algo que en Cuando llama un extraño se diluye en cuanto la chica coge el inalámbrico dos o tres veces… por cierto, ¿se ha mencionado ya el tono repetitivo? Al otro lado de la línea hay un asesino que no pasará a la galería de los homicidas en serie porque su modus operando no tiene nada de especial. Y aunque crean que les acabo de destripar la película, no empiece a maldecir de manera gratuita ya que comprobarán que Simon West, su director-malabarista, lo deja claro desde la primera secuencia.

Aunque nos pese, siendo un relato trillado, con actores inexpresivos y situaciones mal planificadas, la cinta puede resultar hasta entretenida pero sólo para los que disfrutan con los exponentes de la serie B y títulos como Scream pero avisamos: no estamos ante un incipiente Wes Craven sino hablando de un título que ofrece más de lo mismo y con más delito si cabe ya que parte de las mismas premisas plasmadas en una cinta de los años 70. Los productores de la actual deben ser algunos de los pocos que la vieron en su día. Aprovechándose de lo olvidadiza que es nuestra memoria han trabajado un guión que, para alejarse del plagio descarado, se finiquita de otra manera.
publicado por Daniel Galindo el 3 junio, 2006

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