A sabiendas de que el título, de manera injusta, pasará desapercibido en el torrente de estrenos en la cartelera, sólo nos queda recomendar encarecidamente su asistencia a esta guerra casera como observador en tierra de nadie.

★★★★☆ Muy Buena

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Ingredientes para elaborar un buen pastel: tres actores sólidos, una situación conflictiva y un director con mirada certera dispuesto a rodar sin poner freno al caudal interpretativo.

Sumamos la idea de que no hay argumento más interesante que la vida misma, así que los actores son marionetas en un teatrillo que conocemos bien. Uno de ellos adopta el rol del que recibe las bofetadas de los otros dos. Es Juan Diego, que nos hace creer que lidia con la situación que se le plantea, porque incluso tiene ocasión de centrarse en ácidos guiños al teatro y la industria del ocio.

Esta es una película agridulce de padres e hijos: es la segunda como director del pupilo de José Luis García Sánchez y traza un problema de ingentes proporciones cuando un hijo decide ocupar la casa de su progenitor. A partir de ahí, la existencia patética tal y como la conocemos, con sus miserias, que hacen gracia, y sus aciertos, que también provocan la carcajada.

Pocas cintas destilan un humor tan sutil y real como este ejercicio protagonizado por un no tan joven mentiroso compulsivo y un adulto cuya vida se desmorona, o se arregla, según se mire. El tono melodramático entronca con la idea de diversión que tiene el responsable de la excelente Más pena que gloria –su estreno como realizador y guionista-. La galería meta-teatral de personajes secundarios apoya los momentos cómicos, aunque más allá de esto, sus reacciones son las lógicas de todo testigo atónito.

Nosotros también lo somos: vemos cómo la familia, una vez desestructurada, se disecciona miembro a miembro, amante del cabeza de familia incluida. El enfoque naturalista, realista, no se diluye hasta el final, con una curiosa y sugerente secuencia de la que no daremos más detalles. En ella está por supuesto el veterano actor sevillano al que ahora le toca el papel de padre perdido en sus principios. Él sustenta casi todo el peso del metraje, sin olvidar el esqueleto argumental diseñado por Jonás Trueba.

A sabiendas de que el título, de manera injusta, pasará desapercibido en el torrente de estrenos en la cartelera, sólo nos queda recomendar encarecidamente su asistencia a esta guerra casera como observador en tierra de nadie.
publicado por Daniel Galindo el 2 octubre, 2006

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