Un negocio familiar, un hotel perteneciente a una joven pareja, alejado de la ciudad, es el entorno donde se sitúa esta historia de celos. Inicialmente pensada para ser estrenada en los años sesenta como un thriller al estilo Las Diabólicas (Les Diaboliques de Henri-Georges Clouzot ), fue rescatada por Claude Chabrol para convertirla en una de sus mejores películas.
El mejor director francés de la nouvelle vague (en mi opinión), se nota que se siente cómodo con este tipo de tramas; y es que el ambiente burgués de provincias es el blanco preferido de su peculiar mirada. Los actores son muy chabrolianos: Francois Cluzet, con quien ya trabajara, y la bellísima Emmanuelle Beart, parece que no se inmutan ante el drama; pero es sólo eso: apariencia.
Como en sus más aclamadas cintas, Chabrol sorprende con un excelente y original final.
Lo mejor
El final
Lo peor
Nada que reseñar






