Angustiosa y claustrofóbica obra maestra.

★★★★☆ Muy Buena

Volver a divisar ésta angustiosa y claustrofóbica obra maestra supone un placer para mí y para cualquier amante del cine, porque estoy hablando de una de las mejores óperas primas que se han realizado jamás. Y no pretendo convenceros al igual que Henry Fonda. Pero si hablaros de Sidney Lumet, un director de atmósferas, capaz de encerrarnos entre cuatro paredes en un día caluroso y permitirse el lujo de abrir una ventana para que entre el aire. En ‘12 hombres sin piedad’ se crea una atmósfera irrespirable, asfixiante y agobiante, que a veces es conveniente romper con un ventilador (que ¡por fin funciona!) o refrescar el ambiente con una tormenta, y así aplacar ese sofocante calor. Un calor insoportable que nos hace sudar a mares y que en ocasiones esos sudores son provocados por la intimidación y la presión.

 

Es más fácil convencer a un cabezota que a un dudoso. Y con ésta frase creo resumir la película, en la que doce miembros de un jurado popular, en cuyas manos está en juego la vida de un ser humano, tendrán que decidir la condena o la absolución de un joven que presuntamente ha asesinado a su padre. Una historia que adapta la obra de teatro de Reginald Rose, escritor y guionista de éste filme, quien ya trabajó por primera vez para Don Siegel. Lumet consigue plasmar con creces ese aire teatral de la obra de Rose, mediante un único escenario (la sala de reunión del jurado) que es flanqueado por escenas de exteriores al inicio y al final de la película. La cámara se va introduciendo poco a poco en el juzgado hasta llegar a la sala donde se está celebrando el juicio, y de allí pasar a la sala donde va a trascurrir el 95% de la película. El director no emplea apenas la música para resaltar las escenas más dramáticas, sino que usa movimientos de cámara precisos y primerísimos planos para conseguir el mismo efecto. Por eso la magistral dirección de Sidney Lumet es siempre puntual y está estrictamente calculada.

 

Por último, hablar de un impresionante trabajo interpretativo en el que cabe resaltar a un inmenso y concluyente Henry Fonda y a un ofuscado Lee J. Cobb, y también destacar las actuaciones de los secundarios. Y para concluir, decir que la película es una intensa y virulenta crítica al sistema judicial estadounidense, así como el director deja claro su oposición a la pena de muerte.

publicado por Ángel López Gallego el 12 noviembre, 2011

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