un drama judicial que no defraudará a casi nadie por su potencial cinematográfico y por sus diálogos de gran calidad

★★★★★ Excelente

Doce hombres sin piedad

Elprimerhombre ha visto Doce hombres sin piedad, de Sidney Lumet, una rotunda obra maestra que representa el debut cinematográfico de este director.

La historia nos presenta a un jurado formado por doce hombres, que tienen el difícil papel de deliverar sobre el futuro de un chico de dieciocho años, acusado de homicidio en primer grado. Su padre fue encontrado muerto con una navaja en el corazón y hay pruebas y testigos que le confirman como el verdadero culpable. El juez les advierte que está en sus manos la suerte del chico y que el voto debe ser unánime; cualquier duda que tengan debería ser suficiente para no enviarle a la silla eléctrica. De los doce hombres que entran a deliverar en la sala contigua, sólo hay uno que albergue dudas sobre su culpabilidad y ese es, ni más ni menos, que el personaje interpretado por Henry Fonda.

A partir de aquí, es normal que el espectador se plantee qué va a ocurrir en la hora y veinte minutos restantes. Sólo hay uno que piense diferente de los demás, con pruebas que, a primera vista, parecen irrefutables. ¿Cómo se va a plantear el desarrollo de la trama para que no sea trivial? ¿Qué camino se va a tomar para no caer en lo esperado? Pues debido a un sólido guión pensado al milímetro, lleno de diálogos inteligentes, salidos de unos personajes perfectamente definidos, Sidney Lumet logra un verdadero trabajo, gracias sobre todo a Reginald Rose, el responsable de esta obra tan completa, que originariamente fue creada para la TV en 1954, y que al obtener un gran éxito, consiguiendo un Emmy, el guión llegó al cine de la mano de Lumet, para finalmente también adaptarse al teatro y estrenarla en 1964.

Centrándonos en la evolución del film, el personaje de Henry Fonda tiene un papel muy importante, queriendo explicar su motivo por votar a favor de la inocencia del chico. En principio, su intención no es que los demás cambien su postura, sino que sólo quiere que vean lo que él cree que falla en las pruebas utilizadas en el juicio. Y ese es su gran acierto. A algunos de los allí presentes empiezan a entrarles dudas a causa de su exposición y se verán enfrentados a razones obvias que no querrán comprender o les costará admitirlas. Siendo que el voto debe ser unánime, la tensión está garantizada, aumentada por el calor que hace en la sala ya que nos encontramos en pleno verano, siendo el día más caluroso del año. El elenco de actores que forman este grupo es de órdago, ayudando con sus actuaciones a que la película tenga momentos de alto nivel cinematográfico. Habría que destacar a Martin Balsam (el policía de Psicosis) que es el moderador de la votación, Lee J. Cobb (con unas cuantas películas ya en su haber) siendo el de carácter más fuerte, Jack Warden (casi recién llegado a la gran pantalla) como el más pasota, queriendo acabar pronto para irse a un partido, Ed Begley (también con una importante carrera ya encima) como el que se queja todo el rato de las tonterías que se dicen, según sus propias palabras, y cómo no, Henry Fonda, el más ilustre de todos ellos. Hay que decir que él y el nombrado señor Reginald Rose, fueron los que produjeron esta película y fue la única vez que lo hicieron en toda su carrera. El interés por ella debió suscitarles el compromiso por respetarla como se merecía.

Para acabar, habría que considerar que la dirección de Lumet es otro punto a favor de este gran film. Con los movimientos continuos de la cámara en la sala y los encuentros y desencuentros de los personajes, el espectador parece meterse en la piel de todos ellos, unos más ariscos y otros más dóciles de carácter. Cada vez que ocurre algo nuevo o alguno de ellos descubre alguna que otra laguna en lo sucedido, los latidos van en aumento. Primeros planos, planos generales, planos medios, todos tienen cabida en esta gran producción. Hay una toma espléndida sin cortes, de unos seis minutos de duración, al principio, cuando entran todos a la sala, con sutiles movimientos de cámara. Y es glorioso el primer minuto del inicio, con el plano que asciende por todo el edificio del Tribunal de Justicia, pasando a un segundo plano que nos enseña delicadamente su interior, siguiendo con la cámara a tres personas para llegar a la puerta del juicio que nos interesa. Es una verdadera maravilla de secuencia filmada con talento. Sin embargo, por ponerle algún pero a esta película, se podría comentar que el personaje de Martin Balsam no está del todo bien construido, porque es al único que no se le pregunta por sus razones al votar culpable, y al personaje de Lee J. Cobb le sobraría esa obsesión con su hijo al que no ve desde hace mucho, ya que tiene que ver demasiado con el desenlace final.

En definitiva, un drama judicial que no defraudará a casi nadie por su potencial cinematográfico y por sus diálogos de gran calidad.

publicado por elprimerhombre el 4 noviembre, 2008

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