La estampa de vaivenes sentimentales en la ciudad condal nos devuelve al Allen más genuino, recuperamos su mapa afectivo, ese territorio de impulsos,
No es que no quiera enredarnos en su homenaje al país que recientemente le concedió un insigne premio. Por el contrario, su vuelta al universo temático marca de la casa encuentra acomodo en las formas de un vodevil arrebatador, simpático y tan libre como fueron otros, si bien la Gran Manzana muta ahora en el rostro polimorfo de una Barcelona bohemia y deliciosa, al que se suma el paréntesis por parajes asturianos. Pero diré que la previsible concesión al tópico geográfico no chirría tanto como cabría esperar. Los espacios de costumbrismo ocupan su lugar en el guión con funcionalidad dramática, es por lo que no me molestó tanta cámara en ristre
La complicidad del cuarteto de actores, todos brillantes, ayuda. Con ellos la historia nos va moviendo por su maraña de fluidos encuentros, nada me chirría por jugarse las cartas desde una óptica ligera, pero en el fondo aguda y reflexiva,
Allen sabe tanto por viejo y por diablo, disparando su ironía y dejando claro que nada es fácil.

Lo mejor
Penélope Cruz. La vuelta del Allen más atrevido y fresco.
Lo peor
Las concesiones al tópico español.




























