El director de El milagro de P. Tinto ha cuajado una gran película, y le ha echado arrestos para censurar a esta poderosa secta bendecida por el Vaticano

★★★★☆ Muy Buena

Un somero vistazo a Internet me sirve para constatar algo que imaginaba. El Opus Dei ha echado a andar su maquinaria habitual para desacreditar la película de Fesser. Dicen que el retrato que da de la obra es tergiversado y manipulado. Resulta gracioso que ellos, los más arteros manipuladores que he conocido en mi vida, acusen de su actividad cotidiana a un director de cine que se ha documentado bastante bien para ofrecer un retrato cabal de esta peligrosa secta.

Porque, en Camino, el Opus no es retratado con esa imagen chillona y grotesta del monje psicópata-flagelante de El Código Da Vinci. Más bien destapa sus melifluos métodos de centrifugado cerebral y de control carcelario sobre sus miembros, a los que robotiza hasta reducir a autómatas, y pone al descubierto su machismo medieval o su moral represiva. Pero el tercer largometraje de Fesser no es un relato tipo el Opus al descubierto, pues ése no su propósito. Es una cinta inspirada en el caso de Alexia González-Barros, una niña madrileña criada en el seno de una familia vinculada al Opus Dei que murió a los 14 años tras sufrir lo indecible a consecuencia de un tumor cerebral.

Se ajuste más o menos el relato de la película a los hechos sobre los que se inspira (familiares de la niña se ha desvinculado por completo del filme), sí puedo afirmar, por propia experiencia, que el retrato ofrecido de la obra de Escrivá y alrededores es de sobra fidedigno. Sólo por eso, como válido testimonio sobre los usos y costumbres de estas gentes de malísima fe, recomendaría el visionado del filme. Pero éste también ofrece otras muchas virtudes. Fesser elabora en Camino (nombre propio del personaje de la niña que remite al libro de máximas escrito por el fundador Escrivá de Balaguer), un doble discurso en clara contraposición el uno del otro. Así, por un lado está la ingenuidad de una niña alegre y vitalista que se enamora por vez primera y, por otro, el oscurantismo de unos adultos que usarán la penosa enfermedad de aquélla para erigirir su codiciado primer santo.

Del filme, me parecieron repetitivas las ensoñaciones/pesadillas de la niña cuando está postrada en la cama. Y me entusiasmó el trabajo interpretativo de Nerea Camacho como Camino, o el de Mariano Venancio como padre. También está espléndida Carmen Elías en el difícil papel de madre de Camino. Vi excesivamente gráficas, y gratuitas, las secuencias de quirófano, aunque puede que necesarias para hacerse a la idea del calvario padecido por la niña. Pero, en general, Fesser mantiene un buen ritmo narrativo, logra la empatía del espectador con esta triste historia de cenicienta sin príncipe y genera estupor por la indigna utilización del dolor ajeno. El director de El milagro de P. Tinto ha cuajado una gran película, y le ha echado arrestos para censurar a esta poderosa secta bendecida por el Vaticano. Chapéu, y gracias.

Lo mejor: El trabajo del reparto: empenzando por Nerea Camacho, y continuando por Mariano Venancio y Carmen Elías como padres de Camino
Lo peor: Las ensoñaciones se me hicieron repetitivas.
publicado por Matías Cobo el 30 octubre, 2008

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