La representación, en fin, tiene recovecos, arquitectura, tonalidades, tempos y formas con las que el espectador puede imaginar, sospechar, intuir, dejar fluir sus miedos.

★★★☆☆ Buena

Escueta y sugerente pincelada la que nos ofrece Pete Riski sobre la base de una puesta en escena elemental, un cine de terror desplegado en un espacio modélico para la generación del suspense (rincones oscuros, pasillos, descensos y ascensos, territorios desconocidos tras las puertas…), la arquitectura y los estratos psicológicos que conforman el universo pulp que aqui tiene su phantom en la representación encarnada por la banda de Hard Rock finlandesa, llamada Lordi.

Impregnada de lo clásico en los perfiles inmediatos, consigue insertar la sensación del grupo humano que centra la atención del periplo en ese juego de mundos paralelos hacia la transición desde el simple relato de horror al lirismo propio de la representación onírica. La turbia atmósfera del hospital es el espacio idóneo para representar un inframundo habitado por seres del averno y en el que las leyes del tiempo y el espacio transmutan siguiendo un patrón vinculado a la efusión psíquica que es el tema central de la película; la niña protagonista y la inquietud y deseo de huida del padre. Utiliza un recurso minimalista y crea el universo de sombras y paradojas espaciotemporales que resulta un ejercicio lúdico para el espectador.

También en función del patrón clásico y el arquetipo, el espléndido uso de la fotografía dibuja la luz y la oscuridad que enfatiza el contraste entre el mundo y el inframundo que componen un universo ideterminado y que sigue las leyes que impone el género y la temática, manejados con soltura y que, si bien no es una propuesta original, tiene el potencial de entretener sin naufragar en excesos autocomplacientes ni derivar hacia el tópico, más bien el arquetipo – y su traslación subcultural – utilizado correctamente.

En síntesis, la representación describe el sueño – siguiendo una estructura circular – de la niña protagonista que invoca con frases inconexas los sucesos inevitables y que convierte el interior del recinto en un ciclo infernal del que no se puede salir, esa morada de los muertos que para muchos paladares deja demasiados cabos sueltos y propuestas sin determinar, pero funcionalmente válido en su ínfula onírica.

Un guión no simple, sino conciso. La representación, en fin, tiene recovecos, arquitectura, tonalidades, tempos y formas con las que el espectador puede imaginar, sospechar, intuir, dejar fluir sus miedos y coexistir con los personajes en un espacio sin espacio, un ser sin ser y un tiempo sin tiempo, partiendo de lo clásico y reconociendo luego el potencial evocador del subgénero y la estética pulp, elementos y espacios que indican el mejor y más noble efectismo de la subcultura.
publicado por José A. Peig el 14 julio, 2008

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