Cualquier película, sea o no crítica con el gobierno de Bush, tiende a hacer hincapié en las bajas americanas como si fueran los únicos “muertos en vano”. La sombra del reino pretende ir por ese camino.

★★★☆☆ Buena

La Sombra del Reino

En una escena del principio, el hijo del agente Ronald Fleury (Jamie Foxx) le pregunta a su padre: “¿Hay muchos malos ahí afuera?”, a lo que este le responde: “Sí, pero tu no eres uno de ellos”. La realidad siempre se encuentra atravesada por el ojo de quien la ve, y quien la escribe. Luego de una estupenda (y abrumadora) secuencia de títulos, un solo dato concreto llega a rescatarse entre tanto resumen histórico del conflicto entre americanos y árabes: Arabia Saudí es el productor número uno de petróleo en el mundo, Estados Unidos es el consumidor número uno de petróleo en el mundo. Esta afirmación, ya comprendida hace rato por el público medio, funciona como una suerte de disparador externo de la película. ¿Aporta algo esta recapitulación de datos históricos al comienzo, y esta reflexión en particular? Poco, sin duda, salvo comprender el perfil ideológico de los hacedores de esta película. Si repasamos las películas que Hollywood promueve como “su mirada” sobre la guerra que Estados Unidos libra en Medio Oriente, observamos algo bastante claro. Cualquier película, sea o no crítica con el gobierno de Bush, tiende a hacer hincapié en las bajas americanas como si fueran los únicos “muertos en vano”. Esa es su realidad, la realidad que vuelve discurso masivo a través de las películas.

Hipócrita sería pedirle que muestre el “otro lado” del conflicto. La sombra del reino pretende ir por ese camino. Las distintas organizaciones americanas pelean entre sí civilizadamente. Los árabes, cuando pelean entre ellos, lo hacen a base de gritos y torturas. Típico discurso reduccionista del colonizador que ha atravesado siglos y siglos, y aún resuena: Son bestias salvajes y los venimos a educar. La sombra del reino intenta mostrarse consciente de todo discurso al respecto. El eje central de la película radica en basar el conflicto entre estadounidenses y árabes, en la falta de entendimiento. Constantemente se exponen las diferencias culturales e idiomáticas, y como conclusión queda un policía árabe bueno y amigo de los agentes (¿vieron que se los puede tener de amigos?), y un final perturbador, bastante torpe, de todos modos, que muestra cómo el odio por el otro y la necesidad de venganza parece ser lo único que puede unir ambos pueblos. También tenemos una película entretenida, con buenas secuencias de acción (¿cómo no haberlas con Michael Mann como productor?), un director con buen pulso, y a Jamie Foxx y Chris Cooper (éste último, bastante desaprovechado). Discursos, aparte.

publicado por Leo A.Senderovsky el 25 junio, 2008

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