Una película que no cuenta nada de nada, vacía, pedante, aburrida y (lo que es peor) con terribles aires de grandeza, pues no duden que su director debe estar más que orgulloso de su insulsa obra.

★☆☆☆☆ Pésima

Last Days

La peli nos pretende contar los dos últimos días de vida de Kurt Cobain, sin entrar en el morbo de su muerte (para eso ya está el documental “¿Quién mató a Kurt Cobain?”), centrándose más en los problemas que afectaban al líder de Nirvana, presentándolo como un juguete roto en manos de la industria de la música (jojojojo que asco y que típico lo que acabo de poner). En la película Kurt se aísla del mundo en una casa en medio de un bosque mientras diferentes personajes intentan dar con él con diferentes propósitos.

Hoy voy a hacer una excepción y voy a hablar un poco de mi (al estilo “primerhombre”, mi compañero en el quesito rosa). Verán, cuando en el año 1991 empezó a sonar en todo el mundo el Nevermind de Nirvana yo tenía 14 años y no duden que, con esa edad, la cosa me pilló de lleno y fue como una bofetada en mi joven cara. Hacer una película sobre Kurt Cobain me parece un suicidio, así que cuando me enteré de que querían hacer ésta peli me entró miedo, pero es que cuando me enteré de que la iba a dirigir Gus Van Sant, directamente me entró pánico. A pesar de todo, como persona nostálgica (y rotundamente atractiva) que soy, me picó la curiosidad y al final acabé viendo Last Days (aunque perfectamente podría haberse llamado: “la última gran mierda de Gus Van Sant” ). Total, que estoy yo en casa viendo la peli y me doy cuenta que después de 10 minutos lo único que he visto es a un muchacho con un corte de pelo parecido a Kurt Cobain paseando por un bosque y farfullando palabras ininteligibles entre dientes (y me digo para mis adentros: ummmm), a los 20 minutos llega el primer diálogo del film (diálogo por decir algo, el personaje de Kurt apenas habla, y me digo a mi mismo: ¡vaya por Dios!), la cosa sigue en ese tono roñoso y a los 40 minutos apenas he visto a un muchacho (Michael Pitt con el pelo de Kurt) paseando por una casa y, de nuevo por un bosque mientras sus dos compañeros se levantan, cogen un coche y se van (y me descubro diciéndome en voz alta: ¿me están vacilando?) y así sigue la cosa con este ritmo endiablado hasta la hora y media que dura la película (gracias a Dios que es cortita) y aparecen los títulos de crédito. La película intenta contarnos el descenso a los infiernos de una estrella del rock comido por su propia fama. Pues muy bien, pero es que lo único que consigue Gus Van Pollas es una película que no cuenta nada de nada, vacía, pedante, aburrida y (lo que es peor) con terribles aires de grandeza, pues no duden que su director debe estar más que orgulloso de su insulsa obra, considerada por muchos como una obra maestra… ¡A mamarla! 

Resumiendo: Si tuviera que definir la película con una sola palabra, probablemente, sería: sopor. Creo que hay documentales muy buenos sobre Nirvana, mucho más recomendables que ésta basura que encima va de lista.

Lo mejor: Por lo menos es cortita.
Lo peor: Su propia existencia.
publicado por Jefe Dreyfus el 14 febrero, 2008

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