Cualquiera de nosotros podría ser protagonista de esta historia. ¿O acaso existe alguien que no “”tape”” nada?

★★★★☆ Muy Buena

Tapas

Gambas al ajillo, croquetas, boquerones en vinagre, chipirones, calamares a la romana, tortilla de patatas, banderillas picantes… Existen tapas de todos los tipos: más ácidas, más saladas, más dulces… La carta de la película Tapas reúne todos los ingredientes y sabores para lograr la categoría de cinco tenedores. Tras triunfar en el Festival de Cine Español de Malága, donde obtuvo el galardón a la Mejor Película, el Premio del público y el de Mejor Actriz, el éxito de esta tragicomedia parece asegurado.

Al otro lado de los fogones, los chefs José Corbacho y Juan Cruz han elaborado su ópera prima a fuego lento, puesto que han tardado más de cuatro años en dar forma a su plato maestro. Una ración agridulce en el que se mezclan las historias de gente corriente que vive en un barrio de ciudad y que deja entrever sus miedos, sus esperanzas y sus desengaños. Los directores y guionistas Corbacho y Juan Cruz llevan al espectador de tapas por un barrio de la ciudad del Hospitalet dando un paseo por las vidas de cinco personajes tan cotidianos que nos resultan familiares. Son personajes muy distintos pero con algo en común: todos tienen algún secreto que esconder, algo que tapar. Todos tapan sus miserias bajo una falsa apariencia de honestidad. De ahí el doble significado del título de la película.

Por un lado la cinta habla de las cotidianas tapas de comer con las que todo el mundo ha crecido, mientras que por otro subraya los secretos o inseguridades que tapa la gente a diario. El personaje al que da vida María Galiana (“Solas”) es uno de los más sorprendentes en cuanto a secretos inconfesables se refiere, sobretodo por el sobresueldo que obtiene trapicheando con los jóvenes a los que vende drogas sin que nadie lo sospeche. En una sociedad como la nuestra en la que lo más importante no es ser sino parecer, la hipocresía y la mentira están a la orden del día. No hay más que darse una vuelta por cualquier bar y tomarse unas tapitas para comprobar que el insustancial contacto social se nutre de cotilleos sobre los vecinos o de comentarios superficiales sobre el devenir del país.
Conversaciones en las que esta especie de comunicación banal sirva, quizá además, para tapar o enmascarar la existencia de uno mismo.

Por la película desfilan personajes que podríamos encontrar en cualquier barrio de cualquier ciudad. Seguramente, todos conocemos al típico dueño del bar de la esquina del barrio como Lolo (Ángel de Andrés), cuya mujer lo abandona porque antepone su negocio a su relación y que, en un principio,
no es capaz de tragarse su orgullo e ir a buscarla. En torno a la historia de Lolo y Mao, su nuevo ayudante de cocina recién llegado de China, gira algunas de las escenas más divertidas y más satíricas de la película. Quizá también nos habremos cruzado alguna vez con un par de adolescentes inconscientes que sólo viven para ligar y se cobijan en las drogas para evadirse de su cotidianidad. Raquel, en cambio, es una mujer que ronda la cuarentena y que se refugia en la soledad del ciberespacio sin esperanzas de encontrar un amante real hasta que un día un joven le devuelve la vida que creía perdida. Una brillante Elvira Mínguez a quien no le hace falta palabras para expresar la amargura y el desencanto que transpira su personaje.

La historia de amor sin límites de la anciana que sólo vive para satisfacer a su marido enfermo le da a la película una pincelada de ternura. Y es que aunque la película adquiere el tono de una comedia ligera, en los resquicios de la narración se cuela de forma imperceptible un aire de tristeza que
congela la sonrisa para convertirla en una mueca dolorosa. Y es que la vida -como reza el cartel de la película- es como los pimientos del padrón, a veces pica. y a veces no.

Al estilo de otros directores españoles como Fernando León de Aranoa (Barrio, Los lunes al sol) o Icíar Bollaín (Flores de otro mundo, Te doy mis ojos), pero con unas dosis de humor, Corbacho y Cruz retratan la realidad de la sociedad española de manera bastante fiel y sin estridencias. En tiempos efectos especiales y superproducciones hollywoodienses es difícil para una película de tintes realistas sobrevivir en las carteleras. No obstante, el filme reúne los ingredientes precisos para que el público se quede enganchado a la butaca durante los 93 minutos que dura la cinta. Quizá su escasa duración impide que el espectador profundice un poco más en las historias, que deguste mejor un plato que puede dejar con hambre de más. Y es que cuando las luces de la sala se encienden, el espectador sigue digiriendo la historia, en la que cualquiera puede ver reflejada su propia vida, sus ilusiones y desengaños. Porque en la película aparecen temas universales como la soledad, la muerte, el amor, el sexo, la amistad o la esperanza. Cotidianidades con las que conviven los personajes de esta película y con las que nos enfrentamos todos a diario.

Porque cualquiera de nosotros podría ser protagonista de esta historia. ¿O acaso existe alguien que no “tape” nada?
publicado por Silvia el 6 mayo, 2006

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