Crítica de

Saw

La historia es buena, que a ratos acongoja, que no abusa del gore y que tiene una atractiva pirueta final, pero tampoco creo que sea el summum del terror cinematográfico o a mí, por lo menos, no me lo parece.
Cartel de la película Saw (2004) de James Wan

Ya sé que estoy desfasadísimo por haber visto ahora la primera película de Saw cuando ya se han rodado siete continuaciones (una por año y la última en 3D), pero cada uno tiene su ritmo. El cine de terror moderno parece que con ella encontró un filón y mi acercamiento no puede evitar buscar las razones en este primer germen.

El planteamiento inicial es muy bueno: dos desconocidos se encuentran encadenados en un lugar sin saber como han llegado hasta allí y entre ellos hay un cadáver de un hombre que se ha suicidado. Por lo pronto, nos meten en la trama, con ímpetu y ganas de no soltarnos. Lástima que salgamos de ese lugar claustrofóbico, que el puzzle para resolverse necesite miradas al exterior y miradas al antes de los hechos; lástima que se usen giros tanto estilísticos por una cámara inquieta, cómo de guión por su a ratos enrevesada historia.

Vale que la historia es buena, que a ratos acongoja, que no abusa del gore y que tiene una atractiva pirueta final, pero tampoco creo que sea el summum del terror cinematográfico o a mí, por lo menos, no me lo parece.


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