
Sin darnos cuenta ha finalizado, casi de repente, el certamen cinematográfico de este año. Ha sido de sopetón, pues ya estábamos acostumbrados a la ––bendita–– rutina de ir al cine como mínimo dos veces al día.
La última película a la que hemos asistido es la nueva propuesta de Roy Andersson, visitante asiduo del festival, que nos ha dejado su típica obra ácida a base de sketches.
Sobre lo infinito es una sucesión de cuadros satíricos marca de la casa, donde Andersson se mueve como pez en el agua. Quizás menos brillantes, incluso más serios (el público sonreía, pero no reía, al menos no siempre), que en otras ocasiones, pero igual de ingeniosos que siempre.






