Una de las comedias más absurdas y divertidas de la primera etapa de Woody Allen como realizador. Quizás se resiente de un excesivo uso del slapstick y no llega a la agudeza y sutileza de los diálogos de sus obras posteriores, pero supera en algunas secuencias a la conocida Rufufú (I Soliti Ignoti de Mario Monicelli, 1958) o a la española Atraco a las tres (José María Forqué, 1962), con la que tiene más de un punto en común.La estructura, en forma de documental, con entrevistas que van configurando al personaje, la copiará y mejorará más tarde en Zelig (1983) o en Acordes y desacuerdos (1999).
Destacan las secuencias de la fuga, cuando dejan solo al desdichado ladrón; y la del robo a mano armada, en donde todos los empleados opinan acerca de lo que Allen ha escrito en un papel que entrega al cajero.
Lo mejor
La secuencia de la fuga y la del robo a mano armada.
Lo peor
Excesivo uso del slapstick






