Filme escrito por Robert Riskin es una delicia que consiguió por primera vez en la historia de Hollywood el “gran slam”, o lo que es lo mismo ganar los cincos Óscar más prestigiosos (mejor película, director, guion, actor y actriz). Con Sucedió una noche se pusieron de moda las road movies, o cintas de itinerario, en este caso con la conocida estructura de chica conoce a chico, se pelean, y en el último momento ella no se casa con el otro. Pero, lo más importante, con el largometraje de Capra se inventó un género nuevo: el de la «Screwball Comedy».
La comedia “alocada”, como se conoció en España, se caracterizaba por diálogos punzantes que presidían situaciones absurdas donde el ritmo era endiabladamente rápido. El nombre viene de una jugada de béisbol donde el pitcher lanza la pelota para que gire en el sentido contrario a las agujas del reloj. Un lanzamiento especialmente propenso a las lesiones de codo. En la screwball comedy se especializaron la Paramount y la Columbia. Nació en la primera mitad de los años treinta y se extendió hasta la siguiente década para dar obras tan importantes como La Fiera de mi niña, La Pícara puritana e Historias de Filadelfia. Entre Riskin y Capra (para algunos más mérito del primero que del segundo) estaban dándole la vuelta a la comedia que no había parado de evolucionar desde el fin de las películas mudas: los diálogos eran ahora el centro de las talkies y daban sentido a la revolución tecnológica del sonido.
Los actores de Sucedió una noche son además los ideales para la cinta. El casting encaja tan bien en el largometraje que parece que estuviera escrito para la pareja de estrellas (cosa que no es cierta): Gable es coronado como el «rey» a partir de esta película, de hecho, así le llaman sus amigotes periodistas en el arranque de la película. Un rey muy particular que recuerda a Bugs Bunny —dicen que el “conejo de la suerte” nació del rol que interpreta Gable—. Mientras Gable ingiere zanahorias y presume de autoestopista, Claudette Colbert no puede estar más encantadora; no es de extrañar que todos se enamoren de ella.
En el filme no falta la temática social del acercamiento de clases, una de las obsesiones particulares del cine de Capra y asunto central de un gran número de películas del director: Dama por un día y su remake, Estrictamente confidencial y su remake, El secreto de vivir, Vive como quieras, Juan Nadie, etc. Con cierta crítica al materialismo, todo en esta película es un cuento simpático que nada o poco tiene que ver con la realidad, pero que encanta al espectador. Llena de momentos inolvidables, como la «Muralla de Jericó»; las lecciones de autostop o de cómo se ha de comer un Donuts; la escena del paso del río, con esas aguas brillando a la luz de la luna; todo es sencillamente genial y no pierde nada con el paso de los años.







