La originalidad de la trama de esta película es sinónimo del nombre del director: Yorgos Lanthimos.
Creemos que el cineasta griego se ha superado en esta ocasión con un filme que navega entre la comedia, la ciencia-ficción y el drama. Lanthimos se imagina un mundo estructurado en torno a la relación de pareja. Por un lado, digamos viviendo de forma normal, se encuentran los casados; por otro, escondidos y perseguidos por la ley, están los solteros, los que quieren vivir sin la responsabilidad de formar una familia. Entre medias, sobreviven los que no tienen una relación, pero la buscan desesperadamente. Para estos últimos, el gobierno ha ideado un hotel que los acoge con la intención de que encuentren a su media naranja. El problema es que si no lo consiguen en cuarenta días, tendrán que ser reconvertidos en otra especie animal.
Una trama tan absurda como divertida. No sabemos si la intención de Lanthimos era rodar una comedia —funciona muy bien como tal—, creemos que sí, aunque la seria actuación de todo el elenco, encabezada por un Colin Farrell con barriga cervecera de funcionario que quiere terminar sus días reconvertido en una langosta, nos hace dudar de si no estamos ante un drama fantástico.
El estilo de Lanthimos mejora por momentos. En esta nueva propuesta se nos antoja que camina entre el Woody Allen de El Dormilón (Sleeper, 1973) y los sketchs humorísticos de Roy Andersson. En cualquier caso, es un estilo único muy atractivo donde el protagonista (Farrell) deambula perdido en esta extraña civilización, intenta encajar en cualquier de los tres estamentos, sin lograrlo del todo. Es decir, como cualquiera de nosotros.







